A.V.
El dueño del establecimiento de ordenadores que fue atracado el pasado viernes, tiene todavía el miedo en el cuerpo. Sin querer desvelar ni siquiera su nombre completo, R.A., asegura que en ningún momento pensó en plantarle cara al atracador porque «no sabía cuál era su arma y creía que me podía pegar un tiro o apuñalarme».
Nada más entrar en el comercio empezó a increparle y a amenazarle con frases como «no vas a salir vivo» o «mis amigos te quemarán la tienda si no me das todo lo que te pido». El detenido se presentó en el establecimiento con una sudadera y con la capucha de esta prenda puesta. Ante amenazas de la índole de «no te muevas o lo vas a lamentar», logró que el dueño del local accediera a todas sus peticiones.
«Después de conseguir todo el dinero en metálico que tenía me pidió que llenara unas bolsas con material de la tienda». Una vez hecho este trabajo le obligó a ir hasta el coche. «Tuve mala suerte porque si en ese momento hubiera pasado alguien por la calle podría haber pedido ayuda, pero nadie nos vio». Ningún vecino supo lo que había ocurrido. Incluso dependientas de comercios próximos se mostraron ayer sorprendidas con este suceso y lamentaron no haber notado «nada raro».
Al subir al vehículo, el atracador y la víctima se dirigieron a un cajero automático. Concretamente a una sucursal del BBVA situada en la calle La Huerta. Tampoco aquí se encontraron con viandantes o vecinos. «Eran ya más de las 10.00 de la noche cuando me llevó allí y no nos vio nadie».
El coche del comerciante fue conducido en todo momento por el delincuente. Tras la parada en el cajero, donde consiguió robar 300 euros más, se dirigió a casa de la víctima en la partida La Cañada.
Nada más acceder al interior, el padre del dueño del local intentó socorrer a su hijo. Entonces se produjo un focejeo. El presunto ladrón cogió por el cuello a R.A. pero éste logró zafarse y entonces el agresor salió corriendo campo a través.
Ya en su domicilio, el comerciante alertó a la policía, que más tarde consiguió arrestar al joven. Tras lo ocurrido, R.A. confiesa que su principal deseo es que «la justicia sea rápida y que todo esto acabe cuanto antes».
Propietarios de establecimientos próximos al suyo se mostraron ayer alarmados porque «en esta época previa a las fiestas de Navidad se producen muchos robos». «Muchas veces colaboramos unos con otros porque nos avisamos de si hay algún sospechoso o alguien que nos ha robado algo de la tienda», indicaron.
La calle Altamira, donde se produjeron los hechos, está en el centro de San Vicente y es muy transitada.