El robo de cables de cobre es una práctica extendida en la provincia que comenzó a detectarse con frecuencia a inicios de 2006. Por aquella época, el precio de este metal comenzó a aumentar de forma imparable en los mercados internacionales y los ladrones encontraron una inagotable fuente de beneficios en ellos. Las sustracciones se dispararon hasta tal punto que el Ministerio del Interior puso en marcha un plan especial para frenar esta actividad el 1 de enero de 2007. Desde entonces, las detenciones se han duplicado y en los tres primeros meses del año la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía han apresado ya a 70 personas. El problema es que todas ellas están en la calle debido a que se trata de un delito menor.