A. FERNÁNDEZ
Las Festes d'Hivern de Xixona se despidieron ayer por todo lo alto. La jornada se completó sin un solo incidente reseñable y los festeros gozaron de un día en familia. El primer acto del día, la embajada mora, ya dejó entrever que todo iba a marchar sobre ruedas. Las filas del bando de la media luna completaron el recorrido por el municipio ante la atenta mirada de decenas de personas y dejaron paso a uno de los momentos más especiales de todas las fiestas: la ofrenda floral.
Los heladeros, como manda la tradición, recorrieron la avenida de la Constitución con los trajes regionales de las localidades en las que venden sus productos durante el año. Madres, padres, hijos, abuelos y demás seres cercanos completaron el desfile hasta la iglesia y dejaron patente el ambiente familiar de estas celebraciones, que durante el tercer fin de semana de febrero logran reunir a multitud de núcleos familiares. Tras la ofrenda de flores llegó la misa y el posterior desfile de bajada.
Ya por la tarde llegaron otros actos de renombre. Primero el desfile de embajada, después la embajada de los cristianos, y a continuación el alzamiento de los capitanes del próximo año, que tomarán el testigo que ayer dejaron Francisco Manuel Mínguez y Jaime Mínguez, capitán y abanderado cristiano, respectivamente; y Pilar Soler y Alberto Soler, capitana y abanderado moro.
Tras ese acto hubo un nuevo desfile hacia el Ayuntamiento y una solemne procesión. El lanzamiento del castillo de fuegos artificiales, como de costumbre, puso punto y final a unos Moros y Cristianos que, pese a la crisis, pasarán a la historia. No sólo porque se han consolidado y han aglutinado todos sus actos en tres días (hasta ahora se repartían en cuatro y acababan los lunes), sino porque el presidente de la asociación festera de heladeros, Enrique Sirvent, ha anunciado que éste ha sido su último año al frente del colectivo. Después de 32 años ostentando el cargo, quiere un descanso.