ANA VAQUER
E
l optimismo del PP sobre la posible marcha de la cementera de San Vicente ha crecido en las últimas semanas, tras la reunión mantenida con responsables de la multinacional. De hecho, la alcaldesa, Luisa Pastor, baraja la posibilidad de plantear a la empresa la conservación de parte de la planta como muestra del patrimonio industrial de la localidad. Los silos y las oficinas no serían destruidos, si esta idea llega a buen puerto. Tanto la alcaldesa como el concejal de Urbanismo, Rafael Lillo, aluden a que arquitectos de prestigio como Ricardo Bofill tienen sus oficinas en Barcelona en los silos de una antigua fábrica.
El arraigo de la cementera en la ciudad es indiscutible. La cementera se instaló a principios del siglo XX y en ella han trabajado multitud de sanvicenteros cuando era el principal motor de la actividad local.
Las repercusiones medioambientales de esta industria, pegada ya al casco urbano, han impulsado las negociaciones para su marcha. Está pendiente una próxima reunión entre la alcaldesa y los directivos de la multinacional.
De momento, fuentes sindicales indicaron que las mejoras en uno de los filtros reducirán considerablemente la emisión de partículas. La planta tiene pendiente la obtención de la autorización ambiental integrada para la que expira el plazo este mes.
Por su parte, el grupo socialista, tras conocer las intenciones de la alcaldesa ya ha lamentado que esté lanzando estas propuestas sin que haya un estudio sobre las repercusiones económicas de la marcha de la cementera.
Hasta el momento, sólo ha transcendido que la propuesta del Ayuntamiento pasa por permitir la construcción de 500 viviendas en la zona, que, unidas a las 500 que componen actualmente el barrio de El Tubo y los Manchegos, configurarían un núcleo de unas 1.000. Este número sería suficiente para poder dotar de infraestructuras educativas al área. Además la oferta municipal incluye una zona de parque de ocio que ha levantado las críticas de la asociación de comerciantes.
La negociación prevé que la fábrica deje de producir en enero de 2010. Ante esto los vecinos con inmuebles próximos a la fábrica ya han exigido que hasta entonces debe cumplir toda la normativa ambiental para evitar la contaminación en la zona. Los residentes se quejan también del ruido nocturno de la planta que les impide conciliar el sueño.