P. R. F.
Si Ripoll fue el más ocurrente, Federico Trillo, candidato por sexta vez a diputado por Alicante, fue el más listo. Subió a la tribuna y bebió de un vaso: "Agua -dijo-, bien empezamos. Como decía hoy un medio de comunicación, dejaremos que de agua hable Acebes". Fue su única alusión a la cuestión para quitarse de encima el marrón y despejar todos los balones.
Luego se dedicó a citar una serie de proyectos -para tratar de demostrar que no existe discriminación alguna desde Valencia hacia Alicante- como el centro cultural de Benidorm, el palacio de congresos y el complejo de Campoamor en Alicante o el auditorio de Torrevieja que, curiosamente, no sólo ninguno está acabado sino que alguno de ellos, como el futuro centro de congresos de Alicante, están en una fase, siendo bastante benevolentes, muy preliminar.
Y para terminar, obviamente, quitándose también responsabilidades del Yak-42. "El Gobierno debería perseguir a los terroristas y no a mis colaboradores por haber defendido a España y cargarles la muerte de 62 personas. No estoy dispuesto", dijo con vehemencia. Abrió el fuego el alcalde Alperi, que fiel a la estrategia que tan bien le funcionó en las municipales, se dedicó, a parte de pedir el voto algo prohibido en precampaña, a meter miedo. "Todos están asustados con Zapatero, los trabajadores, los constructores, los promotores...".