N. IGLESIAS
F
luyen aguas turbulentas en las filas del PP. La defensa del trasvase del Ebro, epicentro del argumentario político de los populares de la Comunidad, se diluye en un programa electoral que ha obligado a sus máximos defensores a hacer patente la frase de "donde dije digo, digo Diego". La exclusión de la mención explícita a este proyecto del documento con el que los populares concurrirán a las elecciones generales ha dejado en el "mutismo" a un Francisco Camps que hace apenas una semana apelaba a la "lógica" para asegurar que esta infraestructura figuraría entre los compromisos de gobierno de su partido.
Esta primera "batalla" ha dado la victoria a Aragón, que entre amenazas -incluso de dimisión por parte de sus máximos exponentes políticos- ha cerrado filas en torno a la defensa del agua como bandera y señal de supervivencia. Dictada la sentencia, el PP aprobaba ayer su programa electoral pasando de lo explícito a las matizaciones y aferrándose a la teoría de la "transferencia de sobrantes de las cuencas excedentarios a las deficitarias". Unos argumentos que contrastan con la defensa a ultranza del proyecto que desde hace años la maquinaria popular ha puesto en escena.
Atrás queda así la imagen del ex presidente José María Aznar allá por febrero de 2004, cuando en una visita a Villena colocaba la primera piedra del túnel que traería agua del Ebro a la provincia. Una intervención en la que el mandatario del PP se aferraba al trasvase como "el último recurso para traer agua a la Comunidad".
La andadura del agua había registrado un año antes un punto de inflexión y su gran golpe de efecto, con motivo de la manifestación a favor del PHN y del trasvase del Ebro en Valencia, secundada por unas 600.000 personas bajo el lema "Agua para todos". La de ahora es la cuarta contienda electoral que se afronta desde aquella convocatoria. En las tres anteriores -2003, 2004 y 2007-, el agua y el trasvase se han situado como la principal arma arrojadiza del PP frente a las políticas hídricas de los socialistas.
El efecto "boomerang" que ahora se ha desatado en el seno del PP marcó su inicio en el calendario en junio de 2004, en que Rajoy, respaldado por el líder del Consell, expresaba en la capital del Turia su compromiso de "librar la batalla hasta el final" para defender el trasvase del Ebro. Un año más tarde, Rajoy incidía en la necesidad del trasvase como "una necesidad nacional" y como su principal "compromiso con sus compañeros de partido en la Comunidad Valenciana y con esta tierra". No muy dispares fueron las declaraciones del presidente de la Generalitat, Francisco Camps, apostando por "la defensa del trasvase hasta las últimas consecuencias".
El argumento lo retomaba el secretario regional del PP, Ricardo Costa, para afirmar que su partido "es el único que defiende día a día que el trasvase es prioritario por el déficit hídrico que padece la Comunidad". Un mensaje en sintonía con el expresado por el entonces conseller de Infraestructuras, José Ramón García Antón, apelando al Gobierno a dejar de fomentar la insolidaridad entre regiones "y los favores políticos que el Ejecutivo debe pagar a otras comunidades autónomas para paliar la falta de agua".
El tira y afloja librado desde el inicio de año sobre la inclusión del trasvase del Ebro en el texto popular lo despejaba el propio Camps con declaraciones como las ofrecidas en una entrevista a INFORMACION, en la que afirmaba que "el trasvase sí aparecerá explícitamente en el programa. No hay otras transferencias de cuencas que no sean las del Ebro a la Comunidad".
De ahí llegó Fitur 2008, donde el "lógicamente" expresado por el mandatario popular activó la bomba de relojería que ha obligado al PP autonómico a reconstruir una defensa. Sus dirigentes, entre otros el portavoz del Consell, Vicente Rambla, aseguraban que todos las expectativas del partido en materia de agua quedan recogidas en el programa. Con todo, el feudo que "disparó" a Rajoy para "ganar los comicios de 2008" -como el partido indicó en la antesala de la precampaña- ha quedado neutralizado tras los cálculos del líder nacional, en los que los 5 escaños que se libran en Aragón y Castilla-La Mancha a costa de los trasvases han dejado en entredicho al PP de la Comunidad.