S. E.
Kilos y kilos de basura, muebles rotos, colchones inservibles, somieres y todo tipo de desperdicios. Casi un centenar de empleados de ocho empresas encargadas de la rehabilitación de las ocho porterías desalojadas del "callejón de la muerte" comenzaron a trabajar a destajo ayer para desinfectar y limpiar el interior de las 65 viviendas. La cantidad de enseres y porquería era tal que ya llevaban 40 contenedores de obra llenos y esperaban necesitar otros 20, según fuentes del IVVSA, que supervisa las obras. Fuentes del Instituto de Vivienda aseguraron que los trabajos se harán de forma ligera para volver a adjudicar las casas en el plazo de dos meses a otras familias.
Mientras unos sacaban trastos y basura, otros trabajadores se dedicaban a desinfectar las viviendas. En algunas de ellas se encontraron desde restos de droga a jeringuillas, basura y un hedor insoportable. También se toparon con puertas, ventanas y paredes rotas, cables sueltos que servían para conectarse fraudulentamente al alumbrado o tuberías estropeadas.
El estado en el que se encuentran es similar al que presentaban las antiguas Mil Viviendas, sobre las que se levanta ahora parte del barrio Virgen del Carmen y el conocido "callejón de la muerte", cuyas casas sociales fueron adjudicadas hace siete años en régimen de alquiler, como indican desde el IVVSA. Antes del desalojo, muchas estaban ocupadas ilegalmente porque sus primeros inquilinos las habían abandonado y en ellas llegaban a vivir más de diez personas. A la masificación y a los problemas de insalubridad se suman los problemas de inseguridad que hacían de este foco marginal uno de los más peligrosos de la Comunidad Valenciana. Son numerosas las intervenciones policiales contra el tráfico de drogas en el "callejón de la muerte", pero los propios agentes reconocen la peligrosidad al acceder a hasta la zona de noche. Los servicios de limpieza tampoco se atrevían a pasar por allí para evitar ser increpados o que sus vehículos fueran apedreados, como les pasó en la noche del lunes a los vigilantes jurado que controlan el interior del recinto cercado con una valla de tres metros. En la mañana de ayer y sólo en una hora se produjeron dos robos en la zona.
Mientras, en los improvisados campamentos creados por los desalojados en plena calle se acumulaban los residuos y restos de la cena. En torno a una hoguera en plena acera o jugando con sus gallos pasaron la mañana decenas de niños sin ir al colegio.