S. E.
"Estoy embarazada y voy a tener que dormir en la calle con un niño de 15 meses, y mi padre enfermo. No hay derecho", decía ayer con los ánimos exaltados una de las afectadas por los desalojos en el "callejón de la muerte", Ana María Fernández, quien insiste en que "nunca hemos traficado con drogas". Tamara Salgado también está en estado y tiene otra niña de 18 meses y asegura que "tendremos que dormir al aire libre". Ante la calidad de vida en uno de los focos de delincuencia más peligrosos asegura que "no me daba miedo, porque por lo menos tenía un techo". En eso difiere María Fernández, quien asegura que "esto no me gusta para mis hijos y mis nietos, por lo que llevo pidiendo que me cambien de casa mucho tiempo y ahora me he quedado en la calle". "Tenemos derecho a una vivienda digna, no somos perros", gritaba José López. "Yo tengo tres niños pequeños y no tengo donde ir", lamentaba Trinidad Santiago. Los gritos de desesperación se sucedían entre las decenas de personas, la mayoría de etnia gitana, concentradas frente a los cuatro bloques de viviendas de los que acababan de ser desalojados.
Muchos de los afectados reconocían que estaban viviendo en ellas de forma ilegal. Otros como Ana María Enríquez aseguran tener el contrato en regla y no haber recibido ningún otro piso donde dormir. "No tengo antecedentes, no debo nada, mi casa no es insalubre y había recurrido la orden de desahucio, pero todavía no me habían respondido. Es una injusticia", argumenta.
La abogada de cuatro familias desalojadas, Elena Pérez, aseguró que el desalojo se produjo sin informarles y sin que un juez hubiese resuelto el recurso que todas ellas presentaron al expediente de desalojo que se les comunicó en octubre. En ese documento "se reconoce que son propietarios y se argumentan como causas del desahucio la insalubridad o la práctica de actividades ilícitas, pero lo hemos recurrido y todavía no hay una resolución al respecto". Por ello, Pérez critica "el oscurantismo y la rapidez con la que se ha procedido".
También hay familias como la de Jesús Jiménez que agradecían ayer que les hubiesen realojado en otro edificio cercano porque "aquí no se puede vivir y menos con los niños". Sin embargo, criticaron que "no nos hayan dado tiempo a sacar las cosas y que nos den un piso de dos habitaciones para 6 personas". Otras personas fueron realojadas en las inmediaciones.