PERE ROSTOLL
Y en medio de la constatación de que Ángel Franco, otra vez aspirante a un sillón en el Senado, nunca dejó la primera línea política; y de la llegada al socialismo alicantino de un candidato, Bernat Soria, poseedor de ese discurso didáctico y universitario que tanto gusta a determinados sectores del PSPV, reapareció en escena Joan Ignasi Pla. El ex secretario general de los socialistas valencianos volvió a dejarse ver en Alicante durante la presentación de las candidaturas del puño y la rosa. Pla quiso pasar desapercibido. Se puso en un lateral y casi al final del auditorio. No lo consiguió. Era la comidilla y casi lo primero que se comentaba al entrar en el salón donde los socialistas se reunieron. "¿Has visto a Ignasi?", era la pregunta.
Al final del acto, Pla, sabedor de que muchos no le perdían ojo, saludó a los candidatos y discretamente se marchó sin quedarse a la "picaeta" con la que los socialistas inauguraron la carrera electoral. La reaparición de Pla no fue la única. En el acto se dejó ver Antonio García Miralles, dedicado a su Castalla natal desde que dejó el embolado de la gestora en el que le metió el propio Pla; y también algunos de los antiguos colaboradores del dimitido secretario general en la ejecutiva del PSPV caso de su ex responsable de Organización, Vicent Sarrià. También estaba Joan Lerma, al que casi no se le había visto en Alicante desde que retornó al despacho más grande de la sede socialista de Valencia. Una frecuencia similar a la que registraba cuando era jefe del Consell.
Y es que, en el fondo y sin tener en cuenta a Pla ni tampoco a García Miralles ambos sin aspiraciones, comités electorales de cincuenta personas con todos los notables sentados en la misma mesa, vueltas como las de Franco o posiciones como las de Lerma, y ese era tema de conversación en muchos de los corrillos, sólo buscan llegar vivos y con opciones a la prórroga e, incluso, a los penaltis: el congreso que el PSPV celebrará durante el verano.
Pero, para ello, el partido que los socialistas tienen planteado ahora, las elecciones del 9-M, tiene que salir bien. "Cuando pasen las elecciones, esto se va a desbocar hasta el congreso", auguró un alto cargo del socialismo alicantino. Y tiene razón. Pero si Zapatero gana se desbocará menos y, encima, los que están en primera línea saldrán como ganadores. Franco lo sabe y por eso está en una lista al Senado aunque sea para no salir. Y Lerma también. Y para eso ha colocado a peones en puestos clave de las candidaturas. ¿Si hay derrota? El último que apague la luz.
Y en medio de todo ese fregado llega a Alicante Bernat Soria. Con esa aureola de viejo profesor colega de todo el mundo -recorrió de una punta a otra los corrillos de la sala para saludar como perfecto anfitrión con Etelvina Andreu haciéndole hasta fotos- que tanto gusta en las filas socialistas desde los tiempos de Tierno Galván.
Frente a un auditorio pleno de diputados provinciales y autonómicos, alcaldes -una buena porción de los apenas cuarenta que le restan al PSPV tras la debacle de mayo pasado- y concejales pero también con representantes sindicales y, sobre todo, de colectivos dedicados a la Sanidad y la Cooperación, los puntos fuertes de Soria y de Leire Pajín, la número dos de la candidatura, el ministro desgranó una intervención poco mitinera. Mas bien amable y sencilla aunque atacando al PP por ejemplo con eso que se ha puesto tan de moda ahora y que todos quieren hacer: los planes estratégicos. "¿Entonces qué han hecho en estos trece años?", se preguntó Soria a si mismo. Un motivo, quizá señor ministro, para una buena investigación.