JUANJO G. GÓMEZ
E
l dispensario del médico de las Cortes está en medio de un pasillo -el que conduce a la zona del hemiciclo y de las comisiones-, entrando a la Cámara, a la izquierda, por la calle Libertad. Más visible imposible. Es muy habitual pasar por delante de algún diputado o funcionario que aguarda fuera para entrar a la consulta del facultativo. Ayer, desternillándose de risa, un parlamentario auguraba que el panorama va a cambiar. "A partir de ahora, cuando vea a fulano entrar en la consulta, pensaré que es el de la pastilla", bromeó divertido el diputado, mientras otros asentían. "Habrá que entrar mirando de reojo a los dos lados para que no te vea nadie", contestaba otro.
Las bromas, lógicamente, aludían al curso sobre disfunción eréctil al que asistió recientemente el médico de la Cámara autorizado por el Parlamento y que se justificó por las consultas que tiene que atender sobre este problema, tanto de parlamentarios como de funcionarios. La Cámara abonó las dietas de hospedaje y restauración, unos 250 euros por los dos días que duró el curso. El doctor asistió por invitación de una entidad sanitaria las jornadas, que se celebraron un fin de semana en el Instituto Puigvert de Barcelona.
Varios parlamentarios vaticinaban ayer que el número de cartillas del facultativo se verá reducido sensiblemente: "El más preocupado debe de ser el doctor ante la previsible reducción de pacientes flojos de remos", soltaba una señoría. Otro sugería la solución: "A no ser que pongan otro acceso más discreto a la consulta", seguía la chanza un destacado diputado.
"Yo todavía no he ido al médico", sentenciaba un parlamentario como prueba de sus facultades. "Yo nunca he ido", aseveraba otro. "Todo esto demuestra que, en contra de lo que opina mucha gente, la política tiene efectos secundarios", se guaseaba otro.
Había quien iba más lejos y apostaba, dentro de la política de puertas abiertas del Parlamento, por colocar una placa en la entrada principal de la plaza San Lorenzo alusiva a la consulta de especialista sobre disfunción eréctil. Otro recordaba las bromas que se hicieron en los recientes ágapes navideños pidiéndole al doctor la "pastilleta" resucitadora. Lo que parece improbable, cuchufleta al margen, es que en el futuro el médico amplíe la formación en este campo.
Buscar un acceso menos público
Las alusiones a las consultas sobre disfunción eréctil atendidas por el facultativo de las Cortes marcaron ayer la tónica del día. Entre risas y murmullos, la jornada transcurrió acompasada de frases de humor, entre las que destacó la sugerencia de poner en marcha un acceso más discreto al dispensario para que la espera no delate al afectado o la propuesta de colocar en la entrada de las Cortes una placa alusiva a los males atendidos por el especialista.