P. GUZMÁN
H
ace ya casi un año que la playa de La Almadraba tiene un morador de lo más singular. Se trata de un flamante cisne blanco, que se ha convertido en toda una atracción para vecinos y turistas y que se ha aclimatado a la pequeña playa como si de su propio hábitat natural se tratara. Hace un año nada hacía presagiar que el cisne prolongara su estancia en la playa, en un entorno de agua salada, pero no sólo la ha convertido en su morada sino que ahora ha encontrado compañía. Desde ayer un segundo cisne puebla las aguas de La Almadraba y nada entre las pequeñas embarcaciones amarradas en la playa, en lo que sin duda constituye una imagen cargada de singularidad.
Este segundo cisne contribuirá con seguridad a despertar aún más la atención de vecinos y visitantes. No en vano, el primer cisne se ha convertido a lo largo de este último año en un auténtico foco de atracción, casi como una mascota popular para los vecinos que lo alimentan, lo miman, y que cada día comprueban si «sigue ahí». Un año en el que por su parte el cisne, que habitualmente vivía en los lagos del campo de golf de la playa de San Juan, ha ido aclimatándose a su nuevo hábitat y ganando confianza. Tanto que ya no se esconde entre las embarcaciones y no teme acercarse a los vecinos que, como si de una obligación se tratara, no se olvidan ningún día de llevarle la comida a «su nene».
Ni la avalancha de turistas y bañistas de la Semana Santa primero y del verano después, ni las fuertes temperaturas estivales, ni las lluvias, ni el frío del invierno... Ninguna circunstancia ha provocado hasta el momento que el cisne, a buen seguro a estas alturas uno de los más fotografiados del mundo, «cambie de charca» y regrese a los lagos del campo de golf, como hace un año la Sociedad Protectora de Animales presagiaba que haría, dado lo inusual de que este tipo de aves vivan en un entorno de agua salada.
Queda por comprobar ahora si su nuevo compañero encontrará los mismos alicientes para hacer de La Almadraba su hogar o si por el contrario le hará levantar el vuelo para regresar junto a él a los lagos del campo de golf. O quizá muy pronto donde antes sólo había uno, y ahora dos, muy pronto haya una familia entera de cisnes. Sin duda, los vecinos de la playa de La Almadraba estarán muy atentos.