VICTORIA BUENO
P
ara los alumnos más pequeñitos, con tres años, la nueva pizarra hace magia, dicen que es «mágica». Han desterrado la tiza y con tan sólo presionar con sus dedos sobre la gran veleda blanca, eligen el color y grosor del lápiz virtual con el que van a dibujar.
«Es como un juego, se lo pasan en grande, pero lo más importante es que educativamente la pizarra interactiva o digital aporta ventajas impresionantes». Ricard Chumillas es el jefe de estudios del colegio Manuel Antón de Mutxamel: «El software tiene una especie de power point que me permite hacerles cuentos y con las manos se pueden mover los personajes. He llegado a crear hasta un teatrillo de marionetas», comenta.
Junto al Azorín de Alicante y el Jorge Juan de Monforte del Cid se han embarcado en un proyecto piloto financiado en unos casos por el Ayuntamiento y en otros por la Conselleria de Educación para experimentar con esta nueva herramienta digital que ya empieza a revolucionar sus aulas, dicen que «para mucho mejor».
Verónica Pérez, profesora de Informática en el colegio Azorín, asegura que ahora los alumnos «tienen ganas de que llegue el día del examen
La pizarra interactúa con los estudiantes. Hay incluso programas en tres dimensiones que muestran el corazón por dentro y en todas sus dimensiones. «Se puede trabajar así mostrando todo el cuerpo humano, los huesos, los órganos, y facilita mucho la enseñanza».
Lo que es más duro, al menos de momento, es el trabajo previo del profesor porque están en proceso experimental. Verónica explica que tienen que dedicar muchas horas a adaptar la lección a los niños a través de estas nuevas herramientas tecnológicas
En el nivel de Infantil la pizarra digital desarrolla las habilidades: el tacto, la memoria, la grafomotricidad, el giro de la muñeca o el sentido. «Aprenden a orientar la escritura aunque no sepan escribir todavía y cuando lo hacen correctamente salen dibujos llamativos que les entusiasman», explica la profesora de Informática. Pero en su colegio han llegado a modelar cerámica a través de esta pizarra «porque no es estática, se escanea».
Santiago Benito, el jefe de estudios del Jorge Juan de Monforte, cuenta que el aprendizaje del Inglés ya es interactivo en su centro. Las clases son mucho más prácticas y participativas. Coincide con sus compañeros en que se puede comenzar desde muy pequeñitos «porque se asemeja para ellos a la nintendo y se trabaja la memoria como si estuvieran jugando». Todo un descubrimiento..., aunque resulta bastante costoso.