ÁLEX FENOLLAR
E
l modelo vacacional está cambiando. Según la opinión generalizada de economistas y profesionales del sector turístico, la clase media viaja por menos días o no viaja. Las razones se resumen en una palabra de ocho letras: hipoteca. El paulatino cambio de hábito está claro, no se viaja de la forma en que se hacía antes. Lo explica el presidente de la Asociación de Agencias de Viajes de España, Vicente Blasco Infante: «El modelo tradicional de viajes ya no es el mismo, no se llevan las vacaciones de un mes, sino que ahora se distribuyen a lo largo del año».
La coyuntura económica sirve a muchos especialistas para argumentar esta transformación. El precio de la vivienda ha crecido en la última década muy por encima de la inflación y los salarios; el poder adquisitivo de las familias, en consecuencia, es ahora menor. El pago de las hipotecas arrastra a más adeptos que cualquier destino del paraíso terrenal. Cada ciudadano de la Comunidad debe a las entidades bancarias una media de 29.750 euros; de ellos, la mayor parte tiene su origen en los préstamos a largo plazo, es decir, los hipotecarios.
Los usuarios jóvenes y la clase media baja, la que realiza excursiones en autobús a enclaves regionales típicos o a la arena de las playas durante apenas dos semanas, es la que más se ha resentido. «Los usuarios de entre 30 y 35 años con menos dinero conforman el sector poblacional en el que se ha notado la bajada», afirma Blasco Infante. Cuando el dinero no lo permite todo, las prioridades se imponen y los planes del día se diseñan desde casa. Los compradores de menor edad firman ya créditos hipotecarios a 40 años para poder afrontar la devolución de las cuotas, que alcanzan el 69% de sus ingresos.
Asimismo, de entre los gastos que no se incluyen entre los de primera necesidad, el desembolso que implica realizar un viaje es de los más elevados. No obstante, los que aparcan las maletas en agosto se consuelan con la facilidad para encontrar aparcamiento y con la perspectiva de los viajes chollo. Tras la cuesta de enero, por ejemplo, en febrero y marzo, las agencias ofertan desplazamientos por tarifas muy bajas. Es también el tiempo de los llamados exploradores, de los que viajan para comprender otras culturas, de los que rechazan el apelativo de turistas y que, en agosto, se empeñan en que las ciudades no simulen espacios en blanco.