PEDRO CERRADA
La investigación sobre la desaparición de la niña de cinco años Ylenia en Suiza entró ayer en una segunda fase de pesquisas con el registro minucioso de la casa y la finca de 22.000 metros cuadrados que el principal sospechoso del caso, Urs Hans von Aesch, de 67 años, tenía en Benimantell desde 1990. Agentes de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Villajoyosa, la secretaria de un juzgado de La Vila y una comisión judicial de Suiza formada por el juez instructor del caso y tres policías helvéticos estuvieron durante más de siete horas registrando la casa del sospechoso y se incautaron, entre otros efectos, de abundante material informático, documentación en papel, armas, munición y unos juguetes infantiles. El examen científico de estos juguetes revelará si pueden aportar alguna pista sobre este caso o el de otros menores que desaparecieron en la década de los ochenta en Suiza y no se ha vuelto a saber nada de ellos. El juez instructor Stefan Miori, quien reconoció que trabajan a contrarreloj por si aún estuviera viva Ylenia, dejó claro ante los medios de comunicación que el objetivo principal del registro de ayer era recabar datos «para reconstruir la vida» de Aesch en Benimantell y no porque sospechen que haya cometido algún crimen en España.
El material intervenido probablemente será trasladado a Suiza con la autorización del juzgado de La Vila y allí será examinado para elaborar un perfil psicológico e intentar aclarar qué pudo hacer con Ylenia, de la que no se sabe nada nuevo tras la jornada de búsqueda de ayer en Suiza.
La Guardia Civil de La Vila también recogió muestras biológicas en el interior de la viviendas tras realizar una inspección con equipos altamente especializados de luz forense, que permiten detectar restos de sangre, semen o cualquier fluido, aunque no hallaron rastro de grandes manchas.
La inspección comenzó poco después de las nueve y media de la mañana en la finca de Von Aesch, que se suicidó en Suiza el mismo día de la desaparición de la niña, el pasado 31 de julio. Unos amigos de la pareja que acudieron a dar de comer a las gallinas entregaron a la Guardia Civil la llave de la planta baja del chalé, mientras que la puerta superior fue abierta por un cerrajero.
Dos guardias civiles se pusieron un mono blanco para realizar el examen de la casa con la luz forense y recabar muestras sobre posibles restos de sangre. El resto de agentes y los policías suizos y el juez revisaron toda la vivienda y a lo largo del día fueron sacando numeroso material informático, entre el que figuran dos ordenadores y abundantes CD y vídeos cuyo contenido se analizará ahora. También intervinieron mucha documentación en papel y agendas personales, pero el mayor interés de los investigadores de Suiza fue recabar informes médicos que les ayuden a conocer cómo era mentalmente Urs Hans von Aesch, a quien en 1961, según el diario Blick, ya le diagnosticaron una psicopatía infantil tras ser condenado a quince meses por amenazar a un empresario con secuestrar a su hijo si no le pagaba 10.000 francos.
El registro del interior del chalé fue lento no sólo por la cantidad de documentos que guardaba el dueño, sino porque dos habitaciones de la planta baja estaban cerradas de tal forma que fue necesaria también la intervención del cerrajero, quien además abrió una caja fuerte.
Tras finalizar la inspección de la casa a última hora de la mañana el registro se reanudó después de comer y se centró en cuatro casetas repartidas por la finca. En una de ellas fue donde encontraron varios juguetes de niños, algo sorprendente porque la pareja no tenía hijos, aunque hasta que no se analicen no se sabrá si son relevantes para la investigación abierta en Suiza. Poco después de las siete de la tarde el juez suizo dio por finalizado el registro y agradeció la colaboración de la Guardia Civil. «Hemos podido ver lo que era de importancia para nosotros», dijo Miori, pero no reveló los efectos intervenidos.