SYLVIA ESCRIBANO
Noventa años han pasado desde el Mercado Central ubicado en la avenida Alfonso el Sabio abriera por primera vez sus puertas. De quienes regentaban los primeros puestos, ya no queda nadie. Pero sí sus nietos o bisnietos, que ahora se hacen cargo del negocio. Bajo el edificio se mantiene la esencia de un mercado, con productos frescos, un trato directo con los clientes y un lugar de encuentro social. Pero en casi un siglo, muchos han sido los cambios. La distribución actual poco tiene que ver con la de antaño y los puestos, en los que ahora se pueden encontrar productos típicos de cualquier rincón del mundo, se han ampliado y modernizado. Ahora, los comerciantes se preparan para dar el salto a internet y hay quienes ya se han apuntado a la venta on line de sus productos.
Es el caso de Frutas Gironés, regentado por la cuarta generación familiar. "Vendemos productos tropicales, como mango, yuca o papaya, y tenemos una página web y tienda on line que manejamos desde casa a la espera de que en el mercado se instale la zona wifi", explica Ana Gironés, quien indica que su bisabuelo fue uno de los primeros comerciantes del Mercado Central y el negocio ha ido pasando de generación en generación.
La implantación de la conexión inalámbrica a Internet en los mercados municipales y la creación de una web es uno de los proyectos en los que se trabaja de cara al año que viene con el objetivo de "posibilitar en un futuro próximo el comercio electrónico y la tienda virtual", señala el administrador de la Asociación de Comerciantes Concesionarios de los Mercados Municipales, Fernando Viana.
Este último revela que hay otras iniciativas más inmediatas, como la utilización de bolsas ecológicas o la potenciación del servicio de la venta a domicilio a través de un convenio con la empresa Seur. La mercantil "pasará a encargarse del transporte de las compras para que el servicio sea más ágil y menos costoso", afirma Viana, quien destaca que también se va a crear un nuevo anagrama que sirva de imagen de marca para los cuatro mercados municipales (Central, Babel, Benalúa y Carolinas).
Una modernidad sobre la que todavía quedan señas del pasado, como el reloj que se conserva en el interior de las instalaciones parado a la hora del bombardeo que sacudió el Mercado Central en 1938. "Un tío mío, que vendía verduras, murió entonces", afirma Mercedes Pastor que, a sus 90 años, recuerda el refugio antiaéreo que había junto al mercado. Sentada en uno de los bancos de la plaza de las flores, llamada ahora del 25 de Mayo, relata que en los primeros años las instalaciones no sólo albergaban los puestos de carne o pescado, también unas dependencias para los bomberos.
Fuera, en la plaza, se ubicaban los puestos de frutas y verduras, mientras que los de flores y los bares que ahora hay en el exterior, antes se instalaban dentro. Así lo cuenta Tina Iborra, quien regenta uno de los populares puestos de flores que heredó de su madre. "Ahora todo está más organizado y es más higiénico, pero antes había más actividad", afirma esta florista, que lamenta que en la actualidad "la crisis ha hecho que todo esté más parado que nunca". Una crisis que, según el administrador de los mercados, ha provocado el cambio de titularidad de varios puestos.
Unos cierran, bien por los problemas económicos o porque se jubilan, y otros abren. Entre estos últimos hay vendedores inmigrantes que ofrecen productos típicos de sus países de origen, como carne y dulces de Argentina. "Hay muchos puestos nuevos, pero la mayoría han ido traspasándose de generación en generación", sostiene la presidenta de los mercados municipales, María Teresa Albero.
Aunque muchos comerciantes coinciden en que el movimiento de clientela ha descendido con los años ppo la implantación de las grandes superficies, Albero destaca que "el mercado sigue manteniendo su esencia y un trato familiar que atrae a mucha gente, porque eso no lo ofrecen las grandes superficies".
De la plaza del Mar a la Rambla hasta llegar a Alfonso el Sabio
El 23 de noviembre de 1921. Ese fue el día en el que el Mercado Central de Abastos abrió por primera vez sus puertas, como recuerda el asesor municipal de Cultura, Juan José Amores, quien indica que, no obstante, la inauguración oficial no se produjo hasta un año después para "hacerlo coincidir con elecciones". Con su apertura, "atrás quedaba el Mercado Viejo, construido en 1841 y ubicado en la plaza de la Puerta del Mar". Amores recuerda que estaba en la actual Casa Carbonell. Esos puestos "pronto quedaron pequeños, oscuros e insalubres, por lo que se decidió trasladarlos al Paseo de la Reina -hoy Rambla de Méndez Núñez-".
El mercado era "un zoco al aire libre" y las autoridades decidieron buscarle una nueva ubicación. Fue el abogado José Guardiola el que facilitó la financiación, como presidente que fuera de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad (actual CAM) y el arquitecto Vidal Ramos el que lo construyó, según apunta Amores.