CEMENTERIO

El último de la fila

Tiene fama de ser la barriada más degradada y una de las más peligrosas de Alicante y, desde luego, no es la Explanada; pero el Cementerio no es sólo delitos y drogas. Aquí también vive gente normal y honrada que intenta tirar adelante como puede.

 11:21  
Las caras del barrio.
Las caras del barrio. 
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Isabel Vicente Es de las barriadas más pobres de Alicante y de las más degradadas, en gran medida debido a su ubicación a las afueras, casi invisible, pese a ser una zona de paso hacia el cementerio. Sin dotaciones ni servicios, a excepción de un pequeño parque infantil para los críos junto a la carretera, un campito de fútbol, un par de tiendas y otro par de bares, medio millar de personas viven en un centenar de casas, algunas en buen estado y otras muy deterioradas, repartidas en varias calles con nombres de santos a ambos lados del Vial de los Cipreses sin una planificación urbanística clara. Los vecinos, payos y gitanos, subsisten de la chatarra, de los subsidios y, en algún caso, según confirman unos y niegan otros, de la droga. Todos son conscientes de vivir en una de las zonas más humildes de la ciudad, pero consideran exagerada la fama de la barriada que provoca que "los taxistas se niegan a entrar y que si pides una ambulancia te tarde tres horas", según señala Ascensión Carrasco, una mujer que vive aquí desde hace 46 años y que se lamenta de que "la gente tiene miedo de venir".
"Aquí no se viola a la gente ni se le mata, si dejas el coche no te lo roban y los que vivimos aquí somos personas normales", indica a este respecto Juan, un hombre que tras preguntar qué hacemos dando vueltas por aquí, pide que no lo presentemos como un barrio de drogadictos y delincuentes "porque no es verdad". En las viviendas del Cementerio encontramos de todo; gente con aspecto amenazante que te mira de refilón, y personas amables que te abren las puertas de sus casas y que consideran que haría falta una mayor atención de las autoridades para mejorar la situación de la zona.
Muchas viviendas están para tirarlas y volverlas a levantar, hace falta más limpieza en algunos solares que están llenos de basura y de trastos, algunas calles están sin asfaltar o con el asfaltado hecho un asco y el escaso mobiliario urbano está muy deteriorado. El parquecito ubicado frente a la calle San Emilio, pese a tener apenas 3 años de existencia, está en mal estado con los bancos rotos y sin apenas vegetación, y con un tobogán, de los modernos eso sí, para los niños del barrio. Al lado, junto a las viviendas, hay un solar donde encontramos a un grupo de vecinos quemando maderas dentro de una carretilla "porque alguien ha dejado ahí las tablas y no sabemos qué hacer con ellas", señala Ana, una mujer que mira el fuego sentada en una silla con su hijo pequeño en los brazos. Pese a que imágenes como ésta contribuyen a ofrecer una imagen inquietante del barrio, los vecinos aseguran que ahora está bien. "Hace siete u ocho años años aquí no teníamos ni luz pública ni señalizaciones; por la noche teníamos que ir por la calle con linternas y daba miedo subir aquí andando", indica Pedro quien, junto a varios vecinos pasa el rato en el exterior del bar El Loco, situado en el Vial de los Cipreses.
Al preguntar a Luis, el propietario del bar, por el nombre del establecimiento responde que es por él "que de joven estaba muy loco". Ahora, sin embargo, parece de lo más tranquilo mientras señala que "de bueno, vais a poder hablar poco en este barrio". Luis considera que son malos tiempos y que sigue con el bar que abrió hace 35 años, porque es la única forma de mantener a su familia integrada por 15 personas. A su juicio, "aquí lo más necesario sería que hubiera más vigilancia de noche y de día".
La Policía, con todo, patrulla con frecuencia por estas calles y es habitual ver a los agentes vigilando o pidiendo identificaciones a vecinos y a visitantes. Y es que, pese a que los vecinos aseguran que ha disminuido el tráfico de drogas, en el barrio se aprecia bastante trasiego de coches entrando y saliendo ocupados en su mayoría por jóvenes. La presencia frecuente de la policía no está bien vista sin embargo por todos los vecinos. Así, un joven se queja porque "piensan que todos nos dedicamos a lo mismo y no nos dejan en paz, y no es justo". Juan, otro vecino aunque mayor, corrobora la afirmación del joven y añade que "la Policía nos quita la chatarra de la que vivimos muchos".
Aunque el barrio del Cementerio es uno de los que más proporción de gitanos tiene, también hay muchos payos. "La convivencia no es mala, nos conocemos todos y aquí nadie se mete con nadie", asegura Encarna, una vecina que pone como ejemplo de convivencia a su hijo "que es payo y ahí va con un amigo que es gitano". Encarna lleva 40 años viviendo en el barrio, concretamente en la calle San Javier, a la izquierda del Vial de los Cipreses en dirección al cementerio. Asegura que su vivienda tiene unos 7o años y dice riendo que están muy a gusto. Tanto es así que llama a su calle "la Explanada". Esta calle está cubierta con una gran parra que va de tejado a tejado, y los vecinos han tapado el acceso al tráfico con grandes maceteros, de forma que en su improvisada calle peatonal, con sus mesas y sillas en el centro, hacen la vida cuando hay buen tiempo. En cuanto a necesidades, Encarna, como otros vecinos de la zona, considera que "aquí hacen falta un montón de cosas, pero sobre todo, una farmacia, un parque para los niños, y más atención por parte de las autoridades".

Ayudas sociales
Mucha de la gente del barrio reconoce que vive gracias a las ayudas sociales. Una especial atención reciben los niños que, según los vecinos, están escolarizados en su totalidad, y es que, "todos los días viene un autobús y se los lleva al colegio" en la Florida. Varios trabajadores sociales acuden al barrio con frecuencia para ayudar y orientar a las familias en peor situación. De hecho, la concejalía de Acción Social tiene un convenio con la Federación de Asociaciones Gitanas para trabajar específicamente en el barrio del Cementerio y se realiza un seguimiento individualizado a cada familia tal como se ha señalado desde la concejalía.
Las viviendas del Cementerio comparten terreno con las naves del polígono industrial en el Llano del Espartal entre la carretera de Madrid y el Barranco de las Ovejas de la Florida. En los años sesenta se aprobó un plan para esta zona industrial realizado por Urbinresa en un espacio de 150.000 metros cuadrados que se desarrolló en la década de los 70. Ahora, debido a la crisis, hay algunas naves cerradas como una en cuya puerta hay un cartel de lo más gráfico en la que se puede leer que "en esta nave no hay nada de valor". Sí hay abiertas y en funcionamiento una cerrajería, una chatarrería, la vieja vaquería Domingo, talleres de vehículos, una carpintería, la planta de residuos de Cespa y el matadero de Aves Intesa en la que trabajan algunos vecinos del barrio.
Pero la actividad económica más conocida del cementerio es la relacionada con la muerte, con los comercios de flores y mármoles ubicados en la plaza, frente a la entrada principal de campo santo. Aquí, además siguen en pie las viejas casas de los enterradores y sacerdotes, cedidas ahora por el Ayuntamiento a la familia de Diego, un patriarca gitano, mientras espera otra vivienda. En los soportales de una de las casas, la mujer de Diego y otros familiares trabajan ensamblando bocas para mangueras. Las casas en el interior están bastante deterioradas, con desconchones y humedades por todos lados . "Nosotros sólo queremos vivir en orden", dice Diego, quien cuenta que "estamos a la espera de que el Ivvsa nos dé otras viviendas".
También resulta especialmente difícil la vida en el conjunto de casas que hay alrededor de la calle de la Mina, llamada así "porque por debajo hay aguas subterráneas" tal como asegura Rafael Marín al que encontramos volviendo con su nieta en autobús de hacer la compra en la Florida. Rafael, quien relata que fue su suegro Emilio Nortes quien dio el nombre al vial, se lamenta por el deterioro de esta zona "que estaba bien pero trasladaron aquí a mucha gente cuando tiraron lo del Montoto y ahora la vida aquí no es fácil. De los antiguos quedamos cuatro". Rafael denuncia que "hay unos que están de fiesta continuamente, hay robos y problemas" al tiempo que se queja porque "llamas a la Policía y viene cuando viene. Por ejemplo yo un día llamé denunciando una pelea de gallos y vinieron a las 3 horas, y es que esto parece no importarle a nadie".

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