I. V.
Entre Cala Cantalar y Cala Palmera, en la zona donde hace años estaba el viejo parque acuático, "el tobo", como se le conocía en todo Alicante, se encuentra la microrreserva de flora, un espacio de algo más de una hectárea de terreno protegido en el que no se puede construir. También se ha salvado de la especulación urbanística una parte del extremo del Cabo en el que se encuentra el faro, levantado donde en el siglo XVI se ubicaba una torre vigía de defensa. El faro actual, construido en 1980 sobre uno anterior de 1856, es uno de los principales símbolos del barrio y de todo Alicante. Son características en la ladera del montículo encarada hacia la playa de San Juan, algunas de las viviendas más antiguas de la zona que presentan en conjunto un aspecto algo destartalado por la diversidad de su fisonomía pero que disfrutan de unas envidiables vistas de la bahía.
Pese a su alto grado de urbanización, el Cabo mantiene un elevado valor paisajístico y biológico, con decenas de calitas enmarcadas en espigones naturales que siguen siendo usadas para el nudismo gracias en gran medida a su difícil acceso. Algunas de estas calas tradicionales se han visto afectadas por la fiebre constructora como Cala Cantalar. Los intentos de vecinos y ecologistas por mantenerla intacta fracasaron debido a que estaba catalogada como zona urbanizable en el PGOU de 1987.