El general del Mando de Operaciones Especiales (MOE) , Adolfo Coloma, manda firmes y 50 militares de la unidad de Rabasa conocidos como "boinas verdes" forman a los pies de la Basílica de Santa María en Alicante. Ocho de la mañana: pistoletazo de salida de una expedición de cinco días en la que los militares seguirán la ruta del Sureste, de las menos conocidas y con salida desde Alicante, hasta Santiago de Compostela en un trayecto de 1.100 kilómetros. Cubrirán un total de 200 kilómetros cada jornada. Cada uno de ellos hará 10 de día y 10 de noche en turnos de una hora. Correrán por parejas acompañados de una bicicleta con GPS campo a través, por senderos y haciendo relevos, con lo que esperan alcanzar el albergue de Monte do Gozo el viernes por la tarde, última parada antes de llegar a la ciudad del apóstol. Un reto que terminará el sábado cuando todo el grupo, vestido ya con el uniforme de la unidad y sus características boinas, recorra los últimos seis kilómetros para alcanzar la plaza del Obradoiro. "Celebramos el Año Santo Compostelano y a la vez adelantamos el 50 aniversario de la unidad que se cumple en 2012", explica el capitán Alfonso Blas. Todos los participantes son voluntarios. Rubén, uno de los peregrinos, asegura que lo más duro va a ser la falta de sueño, pero "compensa porque es una oportunidad única de entrenar y disfrutar". Otros lo hacen además con devoción, como José Gustavo, que se confiesa creyente y mira el recorrido como una maniobra mucho "más especial" de lo habitual. San Miguel y Caravaca, otros participantes, dicen que se lo plantean como "todo un reto", algo que "nadie más ha hecho". Para todos es la primera vez. El comandante del grupo, Alfonso Alba, apunta que es una instrucción física y mental "porque no sólo es correr. Hay que orientarse en mitad de la noche, en mitad de la nada.También es un sacrificio que fomenta el espíritu de trabajo y de cooperación", añade. Todos cocinan en el coche-lanzadera que les acompaña, corren, y tienen que coordinarse para alcanzar el punto de encuentro a la vez. "Lo que no dejará de moverse es el testigo", explica Blas. El grupo, al que acompaña un invitado invidente de la ONCE, va identificado con la concha del Camino. Tras hacer una piña, el comandante Alba les invita a cerrar los ojos y a verse pisando la plaza del Obradoiro. Todos gritan "¡me atrevo!" al unísono, el lema de la MOE. Después, pasillo de los "boinas" a la primera pareja que testigo en mano se pone en marcha por las calles de Alicante.