SYLVIA ESCRIBANO
La noticia del derribo de sus casas cayó como un jarro de agua fría. Los vecinos del barrio portuario de Heliodoro Madrona sabían que esta decisión podía producirse en cualquier momento, pese a que todos guardaban, por pequeño que fuese, un resquicio de esperanza de que el Puerto optase por rehabilitar y no por derribar las viviendas en las que algunos llevan toda su vida. En los próximos días tienen previsto reunirse para decidir si recurren la declaración de ruina de sus casas, si articulan protestas, e incluso, si terminarán en los tribunales. Con la indignación en el cuerpo estaban dispuestos a llegar donde fuese, pero son conscientes de que se toparán con un muro: el coste económico que supone una batalla que a priori dan prácticamente por perdida.
"En el fondo nos lo esperábamos, pero no lo entendemos porque nuestras casas no están tan mal y a algunas les bastaría con arreglar los desagües", aseguró uno de los vecinos, Francisco Caballero, quien indica que de las 24 viviendas que había habitadas ya sólo quedan 16 porque el resto de vecinos han decidido irse. Este policía portuario de 60 años señala que "no descartamos ir a los tribunales, pero tenemos que tener claro que jugamos con nuestro dinero".
Entre los pocos residentes que se podía ver por la calle, la preocupación y la incertidumbre eran palpables. Se aferran a sus casas, no quieren marcharse y, si llegado el momento no tienen más remedio que hacerlo, aseguran que no están dispuestos a aceptar ser realojados en barrios degradados. "Queremos lugares adecuados para nuestras familias", asevera Caballero.
Mientras, en corrillos, las vecinas intercambian sus preocupaciones. "Es un desastre", comenta Pepita, quien recuerda que vive en Heliodoro Madrona desde 1944 y que heredó la casa de su padre, un antiguo trabajador del Puerto.
La situación resulta dramática para muchos vecinos, como Juan Baldó, que a sus 78 años teme no poder hacer una vida normal y a solas en otro lugar. "Apoyaría ir al juzgado y agotar hasta la última oportunidad", asegura este jubilado, quien lamenta que la decisión de echarle de allí le cambiará la vida.
Otra de las preocupaciones de los vecinos de este barrio de 36 viviendas sociales que el Puerto levantó en los años cuarenta para sus trabajadores es cómo hacer frente al alquiler de una vivienda, pues ahora las rentas mensuales que pagan ni siquiera alcanzan el euro. Algunos tienen a gran parte de la familia en paro y otros viven de una pensión. Aun así, lo que más les preocupa es el lugar al que les destinen para realojarlos. La Autoridad Portuaria llegó a un acuerdo con el Instituto Valenciano de la Vivienda y con la Agencia Valenciana de Alquiler, pero los residentes se niegan a marcharse a barrios como Virgen del Remedio o Virgen del Carmen. "Hay pisos vacíos en otros sitios", sostiene Caballlero.
Aunque el Puerto asevera que no tiene previsto ningún uso para esos terrenos, los vecinos se muestran escépticos. "Tiempo al tiempo", dicen.
Exigen al Consell que frene la demolición
Las voces en contra de la demolición de Heliodoro Madrona no llegan sólo desde el vecindario, pues a ellas se unen las de otros colectivos. Uno de ellos es Esquerra Unida, que afirma que presentará un escrito ante la Conselleria de Cultura "para intentar evitar el derribo del barrio" en base a la ley autonómica de patrimonio cultural para exigir que se protejan y rehabiliten las viviendas "por su valor arquitectónico y urbanístico". Desde este partido, Miguel Ángel Pavón, recuerda que pidió la protección del barrio en el nuevo PGOU sin haber obtenido ninguna respuesta. Otro apoyo llega desde la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas, que coincide en el "valor arquitectónico" del conjunto de casas, por lo que inciden en que "desde el Puerto se deberían haber hecho todos los esfuerzos por mantenerlo y no por derribarlo", según afirma Manuel Alcaraz. Este último considera que el Ayuntamiento tendría que decir algo y no guardar silencio así como la Generalitat tendría que haber mostrado un interés conservacionista.