ANA AITANA FERNÁNDEZ
Con auténtica devoción. Así vivieron ayer miles de personas -diez mil según la Policía Local y 37.000 según el Ayuntamiento de Alicante- la veneración pública de la Santa Faz, en un día único en sus 500 años de historia en el que pudieron tocar por primera vez la Reliquia. Una semana después de la tradicional peregrinación, el monasterio que custodian las monjas clarisas volvió a acoger largas colas desde la apertura de sus puertas, a las 11 de la mañana, hasta pasada la medianoche.
Con mucha expectación era recibido el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, que no estuvo presente en la última peregrinación a la Santa Faz y que entró directamente al camarín donde se guarda celosamente la Reliquia. La extracción del santo sudario marcaba el inicio del protocolo, aunque la jornada había arrancado en el templo, minutos antes, con la misa de novena.
La alcaldesa Sonia Castedo mostraba a los presentes las dos llaves que custodia el Ayuntamiento y el capellán, José Luis Casanova, hacía lo propio con las que atesora el monasterio. Terminado el ritual, la Santa Faz hacía su entrada, de manos del capellán, en una abarrotada capilla. Los aplausos emocionados de los asistentes daban testimonio de la veneración a la santa imagen. Sentimientos que presidieron toda la liturgia hasta estallar en el grito: "¡Viva la Santa Faz!", que rompió la solemnidad del acto con otro aplauso. La misa, acompañada por los cantos de las monjas clarisas de clausura -que seguían la liturgia desde lo alto del templo, tras una celosía- contó con la presencia del conseller de Infraestructuras y Transportes, Mario Flores, la presidenta de Las Cortes valencianas, Milagrosa Martínez y el delegado del Consell en la provincia, José Ciscar. El concejal de Cultura, Miguel Valor junto al responsable de la Concejalía de Hacienda, Juan Zaragoza, la alcaldesa de San Vicente del Raspeig, Luisa Pastor o su homólogo de Crevillent, César Augusto Asencio, tambieron estuvieron presentes.
Media hora después y con las palabras del capellán daba comienzo el momento que los miles de feligreses habían aguardado a lo largo de la semana, y que Casanova resumió definió como un "acto de fe". El obispo de la Diócesis de Orihuela-Alicante, Rafael Palmero, fue uno de los primeros en pasar frente a la Santa Faz.
Pasar una estampita, una medalla por la estrecha caja que la protegía o un simple beso llenaron de lágrimas los ojos de un devoto público que no dejaba pasar la oportunidad apurando la reverencia frente a la Reliquia.
"Es una emoción que no se puede explicar, como un ahogo", afirmaba una de las primeras señoras que veían cara a cara la santa imagen mientras aseguraba ser fiel a la peregrinación anual. La misma fidelidad que Rosa, de 64 años de edad, había demostrado a lo largo de toda su vida y que ayer vivía con especial cariño: "Desde los ocho años que me traía mi madre y le tengo una fe muy grande". "Hoy no me lo podía perder por nada del mundo", aseguraba esta alicantina que había salido en peregrinación, con catorce personas más, la misma mañana desde la iglesia del Carmen de la zona norte de Alicante.
Una jornada que el capellán Casanova vivió con especial atención: "Es estremecedor ver la esperanza, el agradecimiento. Merece la pena todo el esfuerzo".
El constante goteo de personas provocó grandes colas a las puertas del monasterio. "Se han batido todas las expectativas", afirmaba satisfecho el concejal de Cultura. La organización cumplió su promesa al cruzar el límite de cierre de las 21 horas ya que todavía esperaba público en la plaza. "Estaremos aquí mientras haya gente, suponemos que hasta la medianoche", añadía Valor al cierre de esta edición.
La jornada de veneración pública a la Santa Faz dejó numerosas instantáneas que marcan un día inolvidable y único en la historia de la Santa Faz alicantina. Largas colas en el interior del monasterio para besar a la Reliquia. fJOSE NAVARRO