JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ
Le mató por miedo. Ésta fue la razón esgrimida por Juan Ignacio S. P. para disparar hasta cuatro veces con dos escopetas de caza contra su víctima Óscar S. M. en un paraje de Novelda en el juicio que ayer se celebró en la Audiencia Provincial. El procesado, vecino de Monóvar, alegó que el otro le estaba amenazando por una deuda de 3.000 euros por haberle comprado cocaína y llegó a temer por su vida. Los agentes de la Guardia Civil aseguraron que siempre estuvieron convencidos de que el acusado tuvo ayuda para cometer el crimen. Las escopetas jamás se encontraron. El fiscal reclama para él 19 años de prisión por asesinato y la acusación particular, ejercida por la familia del fallecido, 20 años. Por su parte, el abogado defensor, Gonzalo Martín pidió cinco años por homicidio, con atenuantes de miedo insuperable, drogadicción y haber confesado el crimen.
Los hechos ocurrieron el 9 de enero de 2009 en un despoblado conocido como Paraje de Los Molinos. El acusado había escondido las escopetas en unos matorrales, antes de que los dos llegaran al paraje en el coche de la víctima. El fiscal sostiene que el acusado llevó a la víctima al paraje con el pretexto de que le iba a pagar. Éste aduce que fue el fallecido quien le dijo que le iba a llevar allí esa noche sino conseguía el dinero y que escondió las escopetas «para protegerse».
Tras bajarse con un pretexto, le disparó a través de los cristales, sacó el cuerpo del coche y le arrastró a unos matorrales. El procesado dijo que el primer tiro fue accidental porque se puso nervioso al ver que el otro hizo ademán de sacar una pistola. Después abandonó el coche en un descampado y se deshizo de las armas.
«Pido perdón a la familia porque sé que lo que he hecho estuvo mal, pero yo nunca he querido hacer daño a nadie. Para mi esto es una desgracia», dijo al comienzo del juicio. El procesado alegó ayer que en los últimos días previos al suceso había sufrido una campaña de acoso del fallecido para que le pagara lo que le debía. Llamadas amenazadoras, agresiones físicas, e incluso llegó a reventarle la puerta de la casa para entrar y ponerle todo patas arriba.
Por su parte, los agentes de la Guardia Civil declararon que el acusado siempre ha hecho recaer toda la culpa sobre sí mismo, pero ha ocultado la participación de otras personas, algo de lo que están convencidos.