SANDRA LLINARES
Llegó sonriendo a su cuarto juicio tras tres años de acoso a su vecina, incluso posó con naturalidad ante la cámara. Una vez sentado en el banquillo admitió que llamaba varias veces al día al telefonillo de la vivienda de la víctima, que llegó a presentar el currículum en la empresa en la que la chica trabajaba para "estar cerca" de ella y que la seguía por la calle. No reconoció, sin embargo, las amenazas de muerte que cita el fiscal. Era su vecina, con la que no tenía ningún tipo de relación. Su atracción por ella ha terminado con cuatro juicios a sus espaldas y tres órdenes de alejamiento incumplidas.
El fiscal solicitó ayer para M.C.S cuatro años y ocho meses de cárcel como presunto autor de un delito de amenazas, coacciones, trato vejatorio y lesiones a una mujer a la que perseguía por la calle, llamaba constantemente a su casa y a la que le llegó a amenazar de muerte y a realizar comentarios de alto contenido sexual. Así consta en el escrito de calificación del fiscal, que ayer durante el juicio elevó la pena que había pedido en un principio por coacción y amenazas y a la que sumó los delitos de trato vejatorio y lesiones. Los ocho meses de prisión que el fiscal solicitaba en un principio para el acusado se convirtieron ayer, de un plumazo, en más de cinco años y medio.
Los hechos por los que se juzgó al hombre se remontan al período comprendido entre mayo de 2006 y febrero de 2007. Según el escrito de la acusación pública, y según la propia declaración de la joven ayer en los juzgados de lo Penal de Alicante, M.C.S abordaba a su víctima en distintos lugares. Le decía constantemente frases como "vente conmigo", "vamos a dar un paseo" o "vamos a salir juntos", sin que hubiese entre ellos nada más que un cruce en la calle, ya que sólo eran vecinos. Llegó a decirle a la joven en alguna ocasión que quería que fuera para ella y para nadie más y que la iba a matar. La madre de la chica incluso relata que le hizo señales de que le iba a cortar el cuello. En 2007, cuando la denunciante y su hermana iban una mañana a comprar, él llegó a tirarles un bloque de hormigón, según consta en el escrito del fiscal, que pudieron esquivar. Acto seguido, el acusado fue con el puño de un martillo de juguete a por ella "con actitud amenazante", previos insultos a la víctima y a su hermana. En los días siguientes a este hecho, estuvo llamando a su timbre casi a diario. "Te quiero solo para mi", le decía. Ayer reconoció estos hechos, pero no las amenazas. También admitió que llegó a querer trabajar en la misma empresa que ella. Y es que, según dijo durante el juicio, es "normal" intentar conseguir a la persona que te gusta.
Por su parte la mujer, entre lágrimas y sollozos, argumentó que él le había "amargado" la vida. Relató que vive con miedo, afectada psicológicamente tras estos hechos -lesiones psíquicas recogidas en el informe de los forenses aportado por su abogado, José Javier Sáez Zambrana- y que lo ve por las noches en la oscuridad. Su madre y su hermana manifestaron a este diario que no puede estar a oscuras. "Lo ve, lo ve siempre, en sueños, en pesadillas, en la penumbra", explica una de sus hermanas, que asegura que hasta hace unos meses tenía que acompañarla a cualquier sitio porque se negaba a ir sola por la calle. Él dejó de cruzarse con ella tras el último juicio en octubre del año pasado. Ayer, para la vista oral, vino desde Mallorca.
Tras escuchar la declaración de la mujer, a los abogados y al forense que aportó Sáez Zambrana el fiscal decidió elevar la pena que solicitó en un principio. Admitió el delito de lesiones que reclamaba el abogado de la joven y añadió el de trato vejatorio, por el que le pide un año de prisión. Además, el fiscal solicita un año por coacciones, otro por amenazas y año y ocho meses por un delito de lesiones.
El fiscal anuló la eximente que recaía sobre el acusado por problemas mentales y le valoró como una persona consciente de lo que hace en todo momento. Ante la ampliación de los delitos imputados, el abogado del acusado solicitó unos días para acoplar la defensa a las nuevas acusaciones. Se da la circunstancia de que el fiscal ya había estado presente en el último juicio que tuvo el acusado y conocía su trayectoria.
Tres órdenes de alejamiento
El acusado ya había sido condenado en tres ocasiones con órdenes de alejamiento que incumplía. Anteriormente, la joven ya había denunciado que su vida corría peligro porque él, al no ser su pareja, no podía ingresar en la cárcel, pena que recae sobre los maltratadores que incumplen la orden de alejamiento. Por eso, la joven reclama que la pena de cárcel sea firme. Su familia también, ya que considera que hasta el momento la orden de alejamiento no ha valido para nada. "Sólo se acabará todo esto si hay una setencia en firme para que vaya a prisión", señaló la madre. Aseguró que su hija ha cambiado desde que el acusado se inmiscuyó en su vida. "Era la hija perfecta, ahora está muy afectada", dice.