JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ
Tan sólo una hora y media de deliberaciones bastaron al jurado ayer para considerar culpable de asesinato con alevosía al acusado de matar a golpes en La Nucía al bebé de 20 meses de su entonces compañera sentimental. El veredicto se alcanzó por unanimidad y expresamente los miembros del tribunal popular se mostraron contrarios a que el procesado sea indultado o se le rebaje la condena. El fiscal mantuvo que se le condenara a 17 años de prisión y la defensa pidió que se le imponga la menor pena que le corresponda.
El jurado considera probado que el 21 de mayo de 2007 José Manuel R. P., golpeó en la cabeza con gran fuerza a la niña en diversas ocasiones, causándole un traumatismo craneoencefálico. El acusado la llevó al Hospital de Villajoyosa, con la ayuda de unos vecinos, lugar desde el que se la trasladó por su extrema gravedad al Hospital General de Alicante, donde finalmente falleció. Para los miembros del jurado, el acusado "se aprovechó de la escasa corpulencia de la pequeña y su corta edad, sin que ésta tuviera la más mínima posibilidad de defenderse", es decir, que hubo alevosía.
El acusado mantenía que la pequeña se golpeó en la cabeza por haberse caído accidentalmente en la bañera. El jurado no ha creído esta versión y considera determinante la declaración que hizo la forense en el juicio, quien consideraba "improbable" que los hechos ocurrieran tal y como sostenía el procesado. También creen que el relato que hizo este último estaba lleno de contradicciones. Los miembros del tribunal popular recordaron una frase de la declaración de la forense que hizo la autopsia: "El golpe mortal se produjo al haber sido golpeada con fuerza contra una superficie dura y lisa". Según la doctora, una niña sentada en la bañera y que cae hacia atrás no podría haber alcanzado la velocidad suficiente para provocarse las lesiones que tenía.
El jurado cree que el acusado era consciente de que golpeando de la manera en que lo hizo a la niña podría haberla causado la muerte. Del mismo modo, han descartado que los hechos se hayan debido a una imprudencia, tal y como sostenía la defensa.
Madre e hija llevaban un mes y medio viviendo con el acusado, después de que la mujer hubiera discutido con su marido, padre biológico de la pequeña. Tras el crimen, ella se reconcilió con su esposo y los dos volvieron a Rumanía, su país de origen.
"No han tenido ni que quedarse a comer", comentaba ayer asombrado el personal de la Audiencia ante la rapidez con la que el jurado cerró la deliberación. Los nueve miembros del jurado llegaron sobre las diez y poco antes del mediodía se terminó de redactar el cuestionario que tenían que responder para hacer el veredicto. A las 13.30, comunicaban al tribunal que ya habían decidido. La sentencia en la que se fijará la pena se dará a conocer en una semana.
"¿Qué han dicho?, ¿que estoy condenado?"
No entendía del todo lo que decían, pero sabía perfectamente el sentido de lo que estaban leyendo. Después de escuchar el veredicto del jurado, José Manuel R. P. preguntó: "¿qué han dicho?, ¿que estoy condenado, no?". Básicamente, lo que la portavoz del jurado explicaba era que consideraban probados los hechos 1, 2 y 3. Para hacer el veredicto, los miembros del jurado reciben un formulario con hechos numerados y éstos deben decidir si han quedado probados o no durante el juicio. Por ello, sin el papel en el que se explican qué hechos son esos, estas palabras pueden parecer un verdadero galimatías.
Era el turno de última palabra del acusado, después de que el jurado se pronunciara y trató de replicar a algunas de las cosas del veredicto. "Dicen que me contradigo pero...", empezó a decir, pero la magistrada le interrumpió para recalcarle que sólo hablaba por si tenía algo nuevo que aportar, no para debatir con el jurado. "Nada más entonces. Que me ratifico en todo lo que ya he dicho antes", dijo con tono de resignación. Los agentes de la Policía le sacaban de la sala de vistas esposado de vuelta a la prisión, donde lleva encerrado de manera preventiva desde que ocurrieron los hechos.