ENTREVISTA: SANTIAGO DEXEUS, GINECÓLOGO Y DIRECTOR DE UNA CÁTEDRA DE INVESTIGACIÓN EN OBSTETRICIA
VICTORIA BUENO
-Medio siglo le contempla desde que se licenció en Medicina en Barcelona. ¿Qué le lleva a compaginar su prestigiosa clínica con foros como éste sobre la mujer y la desigualdad?
Desde mi más tierna infancia siempre me he preocupado por las desigualdades que existen. En la Maternidad de Barcelona, donde empecé a trabajar, había entonces pabellones separados para mujeres solteras y para las casadas, en situación de notable diferencia, porque las solteras eran consideradas unas pecadoras. Aquello me marcó terriblemente y como consecuencia de ello también adquirí un compromiso político muy marcado en la posterior democracia.
-¿Qué le producía rechazo?
Había problemas muy serios y las mujeres reconocían a sus hijos únicamente para estar en paz con la comunidad religiosa.
-¿Le parece que hemos avanzado socialmente en este tiempo?
En los países desarrollados hemos avanzado mucho, pero en los no desarrollados, muy poco. La angustia y la depresión atenazan a las mujeres que, por otra parte, siguen cobrando un 17% menos que los hombres, incluso, en puestos de responsabilidad, pero el entorno religioso es menos importante entre los desarrollados y sigue marcando al resto.
-Póngame un ejemplo.
Hay nada menos que 6.000 niñas menores de 12 años en riesgo de mutilación, pese a que sus madres están plenamente incorporadas a nuestra sociedad española. Cuando van de vacaciones a sus países de origen, las abuelas se encargan de que sean mutiladas. La cuantía sería notablemente superior si la inmigración desde África del Este fuera mayor.
-¿Y entre nosotros, en el mundo más desarrollado?
Tenemos enfermedades propias de la condición de mujer y el hombre no ha hecho prácticamente nada por resolverlo. La mujer ha salido, incluso a dirigir empresas, pero el hombre no ha sido capaz de entrar en la cocina y ayudar frente al aislamiento y discriminación social de la mujer. Cuando alguien padece, la mano que se tiende en el 90% de los casos es de una mujer, que padece secuelas psicológicas por el estrés y la falta de reconocimiento de su trabajo. Me produce horror y muestra lo desquiciada que está la sociedad, algo que está agudizando la crisis.
-¿Cómo traslada su preocupación por la mujer a la Ginecología?
En reproducción asistida los últimos avances se dirigen a delimitar exactamente el número de transferencias necesarias y saber diferenciar los óvulos útiles para la fecundación y la calidad de los espermatozoides. La selección de las mejores unidades para su conservación y el mantenimiento de los gametos y espermatozoides. También es primordial perfilar mucho la medicación que estimula la ovulación.
-¿El retraso de la maternidad tiene consecuencias sociales?
Llama mucho la atención que pacientes de 36 y 37 años que disponen de independencia económica no saben cuándo decidir su embarazo porque no encuentran la pareja adecuada y congelan sus óvulos.
-¿Usted lo recomienda?
Es una elección. Se trata de aceptar una prestación médica accesoria, no primordial, pero la naturaleza humana, a partir de los 40 años, tiene más dificultades para reproducirse y es lógico conservar los óvulos, a no ser que se opte por ovocitos de alquiler.