LORENA VALDÉS
Nunca pensó que iba a morir, pero cuando le preguntó al médico qué pasaría si no recibía un transplante, la respuesta del doctor fue demoledora: "si no lo haces, las posibilidades de supervivencia son muy cortas", dice Pilar Martínez.
La vida de esta asturiana cambió para siempre el pasado 29 de diciembre. Ese día se sometió a un trasplante de cordón umbilical procedente de un bebé de la Comunidad Valenciana en el Hospital Central de Asturias. Casi dos meses después, su caso puede ponerse como ejemplo de rápida recuperación, coraje y optimismo. A Pilar le detectaron en 2001 una anemia hemolítica, una afección que reduce la presencia de glóbulos rojos en la sangre, debido a su destrucción prematura, a la que se sumaba un linfoma Waldestrom. El tiempo jugaba en contra. No aparecía un donante. Finalmente, los médicos decidieron recurrir a un trasplante de cordón umbilical. Las células de un niño valenciano sustituirían al cien por cien las de Pilar. Llegó el momento del trasplante y recibió el alta 23 días de hospitalización. "Tenía miedo irme a casa y ponerme mala". La emoción se apodera de ella y las lágrimas asoman por sus ojos. Ahora, está recuperada.