JULIA RUIZ
E?s muy inteligente, quizás la cabeza mejor amueblada del Consell, pero en estos momentos no es la persona idónea para dirigir con eficacia y eficiencia una conselleria como la suya". El aludido es el vicepresidente segundo y conseller de Economía, Gerardo Camps, y el autor de la frase un ex alto cargo que trabajó con él en la anterior legislatura. El comentario, sin embargo, no es el único que desde hace meses circula por los mentideros políticos. La crisis económica, que se ha cebado especialmente en la Comunidad con la caída en picado de puestos de trabajo, ha dejado en evidencia la gestión "intermitente" de Gerardo Camps, quien en los últimos tiempos ha protagonizado sonadas ausencias de actos públicos.
La situación ha hecho arreciar las críticas y levantar voces dentro del propio partido y del Ejecutivo que piden al presidente Francisco Camps que haga cambios en su Gobierno "para hacer visible" la vicepresidencia económica en un momento tan delicado como el actual. El problema es que el malestar con la gestión del conseller no es sólo de ámbito interno.
"La Administración debe abandonar la realidad virtual donde está instalada y volver a la vida real a pesar de la gente con problemas de lumbalgia". La frase, en la que se hace alusión a algunos problemas físicos que padece el conseller Gerardo Camps, no fue sólo un chascarrillo más o menos afortunado. La pronunció esta semana el secretario general de UGT-PV, Conrado Hernández, en una comparecencia pública para exigir al Consell que tome medidas ante la crisis. Hernández expresaba así su malestar con el vicepresidente económico, a quien tanto en medios sindicales como empresariales se le reprocha, tener desatendida su cartera. Las quejas proceden también de algunos compañeros de gobierno que, en privado, admiten que cada vez es más difícil despachar con él, máxime cuando se trata de asuntos que requieren de decisiones inmediatas. También hay descontento entre los alcaldes que ven cómo algunos de sus asuntos se pudren en la sede de su departamento. Algunas fuentes aseguran que la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, ha pedido un relevo en la conselleria.
Lo cierto es que la dolencia en la espalda que padece el vicepresidente le ha jugado más de una mala pasada y le ha obligado a tener que cancelar en el último momento citas importantes. A sus ausencias han contribuido también otros problemas en el ámbito familiar. En varias ocasiones el conseller Camps se ha sobrepuesto a estas situaciones y ha cumplido con su cometido. La imagen del conseller en silla de ruedas empujado por el entonces secretario general de la UGT, Rafael Recuenco, durante la firma del Pavace en septiembre de 2008 revela sus esfuerzos por cumplir con su agenda.
Pero al margen de estas situaciones, los últimos "plantones" protagonizados por Gerardo Camps han generado un malestar que ha cruzado la frontera de la Comunidad. El más destacado fue el de la Feria Internacional de Turismo (Fitur) celebrada el mes pasado en Madrid. A la ya destacada ausencia del presidente Francisco Camps -la primera vez que no estaba presente el día dedicado a la Comunidad- se unió la del conseller, quien debía sustituir al jefe del Consell.
Gerardo Camps viajó a Madrid el día anterior, pero por la mañana tuvo que regresar precipitadamente a Valencia. Al margen de los motivos de su marcha, el vacío de poder fue tal que la titular de Turismo, Belén Juste, quien supuestamente debía tomar las riendas, se negó a ser la sustituta del sustituto. Lo ocurrido en Fitur es ejemplarizante para entender el problema que tiene Francisco Camps con su vicepresidente económico. A Gerardo Camps, junto a otros consellers, también se le ha acusado de no dar la cara en los peores momentos para el presidente en el caso Gürtel. A nadie se le escapa que este año la visita a Fitur, el escenario en el que durante años El Bigotes se movió como pez en el agua, no era plato de gusto para el jefe del Consell. La excusa para no comparecer el día de la Comunidad era creíble -acudía a Bruselas al acto de entrega del premio Broseta a Javier Solana- , pero el "plantón" de Gerardo Camps, justificado o no, agravó más la imagen de un gobierno sin gobierno.
Relación desgastada
Con todo, el sillón de Gerardo Camps no peligra. Desde el entorno del presidente se justifican sus ausencias y se mantiene que es un pieza clave del ejecutivo autonómico. "Son amigos y sus destinos van unidos", comentaba un alto cargo. Sin embargo, y pese al vínculo emocional que desde hace años une a ambos, la relación se ha enfriado. Cabe recordar que el jefe del Consell trató de relegarlo a una conselleria de menor empaque tras ganar las elecciones en 2007. Aunque Gerardo Camps ganó el pulso en ese momento, la relación se resintió y, según fuentes cercanas a ambos, no se ha restaurado. Eso sí, Presidencia es consciente de que la situación debe enderezarse. Lejos de una remodelación, la estrategia pasa por acallar las voces críticas intentando ponerle en el escaparate.
Intermitente en un Consell de perfil bajo
En realidad, la gestión "intermitente" de Gerardo Camps no es nueva. Las críticas de falta de constancia en el quehacer diario de la conselleria arrastran desde la pasada legislatura. Sin embargo, en aquella etapa el mayor problema de Francisco Camps era cómo desembarazarse de la sombra alargada de su antecesor, Eduardo Zaplana. Las ausencias de Gerardo Camps quedaban disimuladas por las iniciativas de otros compañeros de gobierno.
Sin embargo, el pérfil más bajo del actual Consell, unido a la paralización de la acción de gobierno como consecuencia del escándalo Gürtel, ha hecho visible la invisibilidad del conseller. Muchos dirigentes del PP opinan que el único vicepresidente no salpicado por el escándalo de Correa, y uno de los más solventes del Consell, debería tener un protagonismo más activo. Las mismas voces opinan que en tiempos de crisis, el vicepresidente económico debería tener una agenda repleta. Lejos de esta situación, Gerardo Camps protagoniza pocos actos públicos. Incluso no viajó con Camps a Nueva York, pese a que, según ha sabido este diario, su presencia estaba prevista inicialmente. Según fuentes de Presidencia, al final se optó por la presencia del conseller de Sanidad e indicaron que Gerardo Camps tenía trabajo esos días.