ISABEL VICENTE
Los vecinos nos citan en la estación de autobuses. Son cinco de los cuarenta afectados por el derribo de los bloques de las viviendas municipales que están a espaldas de la estación. Se trata de casas antiguas, por no decir viejas. Fueron construidas en los años 40 y en un mes serán convertidas en escombros para dar paso a un jardín. Sus ocupantes, que han vivido hasta ahora en pleno centro, van a ser realojados por el Ayuntamiento a otros barrios, también en régimen de alquiler y, aunque parte de los vecinos han aceptado, un grupo, con algunos de los cuales hablamos, se niegan a marcharse. ¿Por qué?
En primer lugar consideran que salen perdiendo por la ubicación. De vivir en el centro pasarán a ocupar una vivienda en San Blas, Jaime II, Virgen del Remedio, los Ángeles, Carolinas o el Casco Antiguo, donde le ha tocado a Yolanda Sánchez, quien se lamenta porque, aunque seguirá en el centro, "allí hay mucho ruido e inseguridad y, además, no hay dónde aparcar", mientras que los bloques de autobuses tienen espacio para los coches en sus patios interiores. Para Yolanda, es aún peor la cuestión económica. "Aquí pagamos unos 50 o 60 euros al mes y ahora tengo que pagar más de 200, dar fianza, dar de alta la luz y el agua y no sé cómo hacer frente a todo esto".
Paloma Martínez, otra de las inquilinas, se lamenta de que ha de hacer frente al pago de entre 700 y 800 euros, además de liquidar una deuda de 8.000 euros "de mi ex marido, y yo no tengo dinero". A su juicio, "lo lógico es que hubiera habido un acuerdo, pero nos enviaron las cartas en diciembre diciendo que teníamos que marcharnos a finales de febrero y el Ayuntamiento es el que decide el lugar donde nos realojan".
A Federico Carbonell lo mandan a Virgen del Remedio. Asegura que la vivienda donde va "está hecha polvo, y pasa igual con muchas de las que han ofrecido al resto de vecinos. Algunos han firmado, pero otros no estamos de acuerdo". Elena del Hoyo coincide con sus vecinos en que muchas de las viviendas que les han correspondido son peores que las que tienen actualmente, añadiendo que en muchos casos son más pequeñas "y nos va a tocar tirar los muebles".
Mientras hablamos, pasa junto al grupo una señora que no quiere hablar: "Ella sí ha firmado", nos dicen.
El grupo nos habla de otros casos de personas que no están presentes: "hay una anciana que tiene aquí todos sus recuerdos y dice que prefiere salir muerta", "hay una pareja con dos niños y va a Virgen del Remedio", "hay un piso que tiene toda la cocina quemada, y en otro no hay calentador"... cuentan y no acaban.
Una visión diametralmente opuesta es la del gerente del patronato municipal de la Vivienda, Gaspar Mayor, quien empieza por asegurar que con la mayor parte de los 40 vecinos afectados por los realojos no ha habido problema. Dice que de las 54 viviendas que hay en los bloques, había 40 ocupadas, "y 30 ya han firmado o van a firmar, a dos no les corresponde una vivienda nueva porque les hemos detectado otra casa y hay 8 que no han firmado o aún no han contestado". Gaspar Mayor asegura que los vecinos fueron informados hace un año de que los bloques se iban a derribar. "Son viviendas muy viejas que se hicieron con malos materiales, hay algunas apuntaladas y hay riesgo para los ocupantes por lo que se van a declarar en ruina inminente. El gerente añade que "nos ha costado mucho encontrar 40 viviendas en condiciones y la mayoría están en buenas zonas. La alcaldesa dijo que los realojaría a todos, tuvieran o no derecho, y no es tan fácil. El Ayuntamiento no tiene tantas casas donde elegir". Sobre el precio, afirma que "pagarán en función del lugar y de la casa, pero deben tener en cuenta que si pagan 200 euros es porque en el mercado libre les costaría 500 y, además, no hablamos de gente sin recursos, hay muchos que son funcionarios". En cuanto a los negocios ubicados en los bajos de los bloques, Gaspar Mayor señala que se han negociado otras ubicaciones y en el caso de la cafetería Bus Stop se optará previsiblemente por la indemnización.
Desde el Ayuntamiento seguirán negociando con los vecinos. Algunos mantienen que no están dispuestos a marcharse, aunque tampoco tienen muy claro qué van a hacer para impedirlo.