A. VALDÉS
Visto y no visto. Una semana ha durado el carril bici de 250 metros que conectaba la avenida de Salamanca con la plaza de los Luceros a lo largo de la avenida de la Estación y una semana ha durado la indignación de los conductores, comerciantes y vecinos que han convivido durante ese tiempo con el doble de atascos de lo habitual en esta arteria capital de la ciudad. El jueves, día de Nochebuena y jornada de compras, prisas y encuentros en pleno centro, nadie parecía echar en falta el vial para bicicletas que los técnicos de Tráfico se habían apresurado en retirar esa misma mañana. Desdibujados por la lluvia y el intenso pero ya fluido tráfico de vehículos, sobre los dos carriles exteriores aún se podían ver las manchas disueltas en que se había convertido la pintura blanca que delimitaba el vial para bicicletas.
Comerciantes satisfechos
"Menos mal que lo han quitado, porque era una auténtica payasada". El dependiente de una tienda de alimentación próxima a la rotonda de Luceros expresaba así de clara su opinión sobre la retirada del carril. Como él, muchos de los comerciantes de la avenida de la Estación se mostraron satisfechos con la decisión de la Concejalía de Tráfico. "Era un verdadero problema para la carga y descarga, por no hablar de los atascos... Podían haberlo montado sobre la acera, ya que la han hecho tan ancha", apuntaba una joven dependienta en una tienda de telefonía móvil.
Los vecinos de la zona tampoco parecían lamentar la pérdida. "Era absurdo", explicaba un estudiante de Derecho vecino de la calle Pintor Cabrera, "¿para qué quería un carril que me llevara desde aquí hasta la Estación de trenes si me tengo que meter en autovía para ir en bici hasta la Universidad?".
Tan corta ha sido la vida de esta vía que algún camarero de la propia plaza Luceros ni se había enterado de la fugaz puesta en marcha y retirada del carril. "No sabía nada, aunque sí he visto mucha Policía de Tráfico esta semana". Al mediodía del jueves, un solo agente controlaba el tránsito de la avenida, que volvió a ser la calle de siempre dominada por peatones y coches.