VICTORIA BUENO
Anteriores galardonados con el Premio Maisonnave, numerosos universitarios y más amigos y familiares abarrotaron ayer la Sala Rafael Altamira de la sede de la Universidad, Ciudad de Alicante, para acompañar a la escritora y periodista, Ángeles Cáceres, en el emotivo homenaje a su trayectoria tanto vital como profesional en que se convirtió la ceremonia de la entrega de la octava edición de un premio que el Rectorado ha decidido fijar con carácter bianual "para darle más peso entre los ciudadanos", como explicó Ignacio Jiménez Raneda.
La vicerrectora Josefina Bueno provocó las primeras lágrimas de emoción en el rostro de Ángeles al destacarla como "alicantina de adopción, voz de la individualidad y la colectividad, combativa y a veces molesta como es la verdad, pero siempre cercana y atenta" y dar a continuación paso a un video elaborado por el Taller de Imagen y la Fundación de la UA en el que se intercalaban fotos de su niñez con imágenes actuales de la ciudad acompañadas de una voz en off que transcribía algunos de los escritos más recientes que la propia periodista ha publicado en las páginas del diario INFORMACIÓN.
"Es un especimen único que hace la historia cotidiana de los de abajo, algo que no abunda", dijo de la escritora el portavoz de la PIC (Plataforma de Iniciativas Ciudadanas), Manuel Alcaraz. "Tiene facilidad de palabra y un gran corazón para explicar lo inexplicable", añadía la fotógrafa Cristina de Middel. Las intervenciones se sucedieron en el video proyectado, en el que la propia galardonada se definía a sus 68 años con "capacidad de lucha y de creer en la utopía" al tiempo que consideraba "un privilegio" su habitual trabajo a la hora de "transmitir lo que se me cuenta en el corto espacio de tiempo de una entrevista".
Tras la laudatio que le dedicó Emilio Soler, que arrancó las carcajadas de los presentes al citar las numerosas ocupaciones de la periodista a lo largo de su vida: ayudante de detective privado, pacifista, rebelde, agente de seguros y vendedora de casa en casa de detergentes y diamantes, hasta concluir con el destino que le predijo Buero Vallejo: escritora y periodista con premios y trofeos como el Gabriel Miró de narrativa corta a la obra dedicada a su hijo Santi, el rector le hizo entrega del Maisonnave que premia "los valores y trayectoria por la libertad y la defensa de la educación".
La emocionada laureada, fiel a sí misma, se dejó de protocolos y tras confesar que junto al Gabriel Miró y el Adrián López "este premio era el espaldarazo que me faltaba para ser alicantina", advirtió asimismo de "las múltiples batallas que me quedan por hacer de este Alicante nuestro un lugar más justo" al tiempo que aprovechó para criticar a los gobiernos, tanto locales como autonómicos o centrales "todos los que dejan a la ciudadanía en la estacada",dijo.