DAVID NAVARRO
Tener un empleo indefinido ya no supone ninguna garantía de tranquilidad. Al contrario, con el agravamiento de la crisis desde principios de este año los mayores recortes se están produciendo, precisamente, entre los trabajadores con contratos fijos, según revela la última Encuesta de Coyuntura Laboral. En los seis primeros meses del año han desaparecido entre los asalariados de la Comunidad Valenciana 64.400 puestos de trabajo estables, casi el triple de los 22.200 empleos precarios que han corrido la misma suerte.
La situación es justo la inversa de la que se registraba el año pasado cuando los despidos se centraban en los contratos temporales. O, mejor dicho, cuando las empresas optaban por no renovar a estos trabajadores para reducir sus gastos. Por esta vía se evaporaron más de 100.000 puestos de trabajo en la autonomía en 2008, prácticamente uno de cada cuatro empleos temporales que existían al comenzar el año. Por el contrario, el recorte entre las plantillas estables sólo alcanzó a 29.700 asalariados.
Para el secretario general de Coepa, Javier López Mora, este cambio de tendencia lo que muestra es, simplemente, "la profundidad con la que está golpeando la crisis". López Mora reconoce que los empresarios han echado mano de los empleos temporales "para flexibilizar" sus plantillas, pero esta posibilidad sólo funciona cuando las "fluctuaciones son controladas". Es decir, cuando la caída de los ingresos no es excesiva.
Otro de los motivos por los que este año se está perdiendo menos empleo temporal es que los pocos contratos que se están realizando se acogen a esta modalidad, según explica la secretaria general de CC OO en l'Alacantí, Consuelo Navarro. En época de crisis los empresarios todavía se muestran más reticentes a incorporar nuevos trabajadores indefinidos y, además, los sectores que están creando empleo son el turismo y los servicios, que tradicionalmente tienen un mayor porcentaje de precariedad.
Dentro de este panorama, la Comunidad Valenciana se está viendo especialmente afectada. De hecho, sólo en Madrid se han destruido más empleos estables que en nuestra autonomía durante los primeros seis meses del año. La culpa es de un modelo productivo que "dependía en exceso de la construcción", y no sólo por las promociones que directamente se edificaban en el territorio autonómico, sino también por toda una serie de industrias, como el mármol alicantino o el azulejo castellonense, cuyas ventas dependen directamente de las actividad de las grúas, señala la secretaria de Empleo y Formación de UGT, Elvira Ródenas.