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VICTORIA BUENO Están pasando serios apuros económicos. Los préstamos anunciados por el Ministerio de Educación para cursar un máster no llegan, la convocatoria lleva ya dos meses y una semana de retraso -se esperaba para el pasado día 1 de septiembre- y el dinero que habían ahorrado con sus trabajos este verano ya se lo han fundido porque estudiar fuera de casa no está a la altura de cualquiera, de ahí la política de préstamos universitarios que impulsa el Gobierno central. Pero ni a Miguel ni a Teresa, de Alicante y Elche respectivamente, les ha podido resolver su papeleta el anunciado adelanto económico que no llega y de momento han tenido que recurrir a sus padres, aunque no saben por cuánto tiempo.
"Me he tenido que ir a la Pompeu Fabra de Barcelona porque mi centro, la Escuela Superior Politécnica de Alicante, no tiene un máster similar en Sistemas Cognitivos y Medios Interactivos". Miguel Sánchez Valdés es de la rama de Informática y la Universidad de Alicante acaba de elaborar un nuevo grado en Ingeniería Multimedia pero no entrará en vigor hasta el curso próximo. "Ya me gustaría haberme quedado en casa de mis padres -se lamenta- y no tener que gastarme ahora su dinero, pero el préstamo ministerial es como un sueldo que ronda los 800 euros y no puedes compaginarlo con un trabajo, implica estudiar a tiempo completo y si no es así, no te lo conceden", explica. El alquiler de un piso con otros cuatro compañeros les sale a 400 por barba. "Con lo que me cuesta vivir aquí, en Alicante me habría independizado", dice Miguel.
Teresa Sánchez, que cursó la ESO y el bachillerato en el Instituto Carrús de Elche, también estudia en Barcelona un máster, en su caso de Conservación y Restauración en Bellas Artes. "Comparto un piso con otra chica en Cornellá, a unos 20 minutos del campus en tranvía. El bono de transporte mensual me cuesta casi 40 euros, el alquiler 350 euros, en la comida que compramos cada semana otros 100 euros y ya no queda ni el recurso de trabajar los fines de semana porque con la crisis y el paro las empresas sólo quieren contratados del INEM para que les subvencione el Gobierno por el puesto de trabajo creado".
Este resquicio que tradicionalmente empleaban los estudiantes para pagarse la estancia fuera de casa ha pasado por tanto a la historia. "Este verano trabajé en el Ikea tres meses a media jornada y sólo me fui a casa en Elche con mis padres una semana de descanso. Ahora voy tirando gracias a lo que me pasan ellos porque se me han acabado los ahorros y aunque no llegue el dinero del Ministerio el resto de la gente no espera y hay que pagar la luz, el agua y la comida cada mes", se queja Teresa. No puede compaginar el máster con trabajos de fin de semana en promociones de supermercado por ejemplo.
Miguel se inclina por las pizzerías y pubs pero en cualquier caso también es agua pasada, el máster no les permite trabajar como a ninguno de los cientos de compañeros desplazados para completar sus licenciaturas en otras provincias, especialmente Madrid y Barcelona. "Incluso trabajé un año en Alicante en una empresa de Informática -concreta Miguel- pero mi sueldo era el de un técnico de FP así que para subir un escalón no queda otra que ir más allá en los estudios".
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