PERE ROSTOLL
Apenas 24 horas después de la reunión de la dirección regional del PP en la que Francisco Camps, con la oposición de los populares alicantinos, ejecutó obligado por Mariano Rajoy los cambios en el partido con los que pretende cerrar la crisis originada por el caso Gürtel, el jefe del Consell se multiplicó para intentar ofrecer la imagen de que el conflicto en la Comunidad está amainando. En Génova, donde se reunió la ejecutiva nacional del PP, no evitó las advertencias de Rajoy -es "inadmisible", aseveró el líder del PP en su discurso- pero sí logró alejar los focos de su figura gracias al plantón de Esperanza Aguirre. Por la tarde, sin embargo, ante los diputados del PP admitió, a puerta cerrada, que "saldrán más cosas", en una afirmación que fue interpretada como un reconocimiento implícito de que el próximo episodio de la crisis originada por la red Gürtel, de momento, queda aplazado.
El titular de la Generalitat y del PP participó en la clausura de unas jornadas parlamentarias en las que los populares aprovecharon para validar el relevo del conseller Blasco por Rafael Maluenda en la portavocía y el ascenso de Vicent Betoret, número dos de Alfonso Rus en el PP de Valencia, como adjunto. La reunión, por tanto, certificó la alianza de Camps con Rus y Fabra frente a José Joaquín Ripoll -la única diputada afín al dirigente alicantino no estuvo presente en la cita- pero también, por contra, que las heridas internas de los populares no están, hoy por hoy, ni mucho menos, taponadas.
El propio jefe del Consell, que llegó a la convocatoria media hora antes de lo previsto, reclamó, en línea con la amenaza de expulsión que los campistas aprobaron durante la reunión de la ejecutiva regional del PP, que "no se hable" de estos asuntos hasta que el conflicto interno no escampe, algo que no parece que se vaya a producir a corto plazo. "Saldrán más cosas", admitió Camps a los parlamentarios autonómicos del PP.
Fue el colofón de una jornada que el presidente inició en la calle Génova, sede nacional del PP, donde llegó arropado por Vicente Rambla y Gerardo Camps y la alcaldesa Rita Barberá. El jefe del Consell se aprovechó del protagonismo de la crisis de Madrid y no tuvo que escuchar, al margen de Rajoy, intervenciones críticas de otros barones territoriales del partido. Quizá por ello, Camps, que fue uno de los primeros en tomar la palabra durante el encuentro, aprovechó para reivindicarse como uno de los principales báculos de apoyo del actual líder del PP -"una elección acertada", llegó a decir- y esgrimió de nuevo las encuestas como aval a su liderazgo. No entró, ni de pasada siquiera, a analizar los motivos que han conducido al PP de la Comunidad a una crisis que ha supuesto la caida de Ricardo Costa, número dos de Camps en el partido. María Dolores de Cospedal dijo que Génova respalda los cambios introducidos por el jefe del Consell. ¿Hasta la próxima? Esa es ahora la gran incógnita.