D. NAVARRO
De llevarse a término la fusión entre CAM y Bancaja, uno de los asuntos más espinosos será el de la sede de la nueva entidad. En diversas ocasiones, desde la patronal Coepa se ha destacado la necesidad de que Alicante se mantenga como centro financiero, algo difícil si ninguna caja o banco radica sus órganos de gobierno en la provincia. Al respecto, el vicepresidente económico del Consell, Gerardo Camps, se mostró ayer salomónico. Aseguró que, "como alicantino", le gustaría que "las decisiones que afectasen" a los ciudadanos de la provincia se tomen en Alicante, sin dejar claro si eso supondría una duplicidad de sedes o si la principal estaría en esta ciudad.
Tras todo este debate se esconde en realidad el miedo a que, más que una fusión, el proceso sea una absorción de la CAM por parte de Bancaja. Ayer mismo uno de los consejeros de la caja alicantina recordaba que el presidente de Bancaja, José Luis Olivas, aseguró hace unos meses que no participarían en "ninguna operación que no liderasen", lo que deja pocas opciones. Claro que Olivas también rechazaba públicamente una posible integración con la CAM argumentando la duplicidad de sus redes y apostaba por los procesos interregionales.
Igualmente el presidente de Caja Mediterráneo, Modesto Crespo, ha expresado en diversas ocasiones su negativa a la operación, al considerar que ambas entidades tienen mayores posibilidades de crecimiento si se mantienen independientes.
La entidad resultante de la fusión de las cajas valencianas tendría 2.700 oficinas y 14.000 empleados pero no conseguiría superar en activos a Caja Madrid y se situaría en la quinta posición del ránking bancario español.