DAVID NAVARRO
La Generalitat ya no debe observar el mismo "rechazo absoluto" entre la sociedad alicantina o ya no debe creer que las dos principales cajas de la Comunidad tienen mayor recorrido "por separado" que juntas, como afirmaban sus representantes hace sólo cinco meses, porque ayer el vicepresidente económico del Consell, Gerardo Camps, instó públicamente a Caja Mediterráneo (CAM) y a Bancaja a que empiecen a estudiar su fusión. Es más, para Camps, con la actual crisis económica y con el deterioro que están sufriendo las cuentas de resultados de las entidades financieras, sería toda una "irresponsabilidad" que el Gobierno valenciano no instase el proceso y que las direcciones de ambas cajas no lo analizasen seriamente.
El vicepresidente aseguró que el momento actual es "radicalmente distinto" de cualquier otro anterior en el que se haya planteado la fusión entre CAM y Bancaja. Al respecto, apuntó que el sector financiero atraviesa una situación difícil y pronosticó que "probablemente" será "aún más complicada" el próximo año y el posterior, y recordó que las entidades de la Comunidad han apoyado su crecimiento de los últimos años en la construcción, por lo que están más expuestas a los riesgos.
Por todo ello, Gerardo Camps abogó por una unión entre CAM y Bancaja, a la que se añadió Caixa Ontinyent, sin que ello suponga descartar la posterior "absorción" de otras cajas de tamaño medio, "como Caja Murcia". No obstante, destacó que todos los procesos puestos en marcha hasta el momento en otras autonomías, como Andalucía, Castilla y León o Cataluña, han sido entre entidades de una misma región, mientras que las fusiones interregionales "apenas han pasado de los contactos preliminares".
Costes sociales
El también conseller de Economía apuntó, igualmente, como otro argumento a favor, que la creación por parte del Gobierno del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) permitiría sufragar o financiar algunos de los gastos que supondría la fusión y que antes tendrían que haber asumido las cajas. Sobre los costes sociales del proceso -un informe en poder de ambas entidades asegura que provocaría 4.500 despidos y habría que cerrar 400 oficinas-, Camps sostuvo que cualquier estudio realizado al respecto con anterioridad "vale más bien poco" actualmente.
Preguntado por si el Consell pensaba limitarse a "animar" a la fusión o si daría algún paso más para forzar la fusión, el vicepresidente aseguró que no pensaba ejercer "ningún tipo de veto ni tomar ninguna decisión con carácter político", pero también dejó caer que "a nadie se le escapa que la mayoría de los representantes en las cajas son designados por instituciones políticas". Precisamente sobre este tema, admitió que la renovación de los órganos de gobierno de las cajas valencianas se encuentra en estos momentos paralizada por la falta de contactos entre el PP y PSPV para consensuar los nombres.
Sin comparación
Fuentes del consejo de administración de la CAM reconocían ayer que el mensaje lanzado por Gerardo Camps no les cogía del todo desprevenidos, negaban que se hubiese producido ya algún movimiento concreto. "El problema es que no hemos sabido plantear una alternativa a la fusión con Bancaja. Con Caja Murcia ha habido un amago pero se ha quedado en un pensamiento", reflexionaba ayer uno de los consejeros, que también se cuestionaba si era el momento más oportuno para la operación, con un Consell debilitado y demasiado ocupado con el caso Gürtel. En cualquier caso, reconocía que el contexto económico no resulta nada halagüeño y que, "cuanto mayor sea una entidad más posibilidades tendrá de resistir la crisis sin problemas".
Otro consejero consultado por este diario señalaba que las comparaciones realizadas por Camps no son del todo correctas. "Cataluña tenía ocho cajas de ahorros y se han fusionado las pequeñas con Caixa Catalunya, en ningún momento se ha planteado que se fusionaran Caixa Catalunya con la Caixa. Tampoco en Andalucía se ha propuesto que lo hagan Caja Sol y Unicaja. Una fusión como la que plantea no tiene precedentes", señalaba.
La misma fuente apunta el problema que ha creado ahora la Generalitat "porque si no lo tomamos en consideración sería un desaire para el Consell. Se entendería como una falta de respeto. En el caso contrario, prácticamente nos tendríamos que poner a trabajar en el tema esta semana". No obstante, este consejero también admitía que la fusión con Bancaja no se encontraría con los obstáculos de tipo político a los que se enfrentan las operaciones interregionales pero considera "inasumible" el coste social.