A. P.
Un colegio de la provincia de Alicante, que prefiere no identificarse, reclamó la orientación de la Fundación Verde Esmeralda hace más de un año tras la muerte repentina de un alumno de 9 años en las instalaciones del centro. "Fue un suceso muy trágico, un niño que estaba jugando, de repente se siente mal, se marea y fallece. Nunca hemos vivido algo así en el centro y nos vemos obligados a tomar parte pero era muy difícil tratar algo así", apunta la directora, que recuerda que "fue un shock para todos y muy particularmente para los niños de su clase, hubo ansiedad, alumnos que no paraban de llorar...".
Contactaron con la fundación, que de inmediato ofreció a una profesional para orientar al personal del centro y a los padres: "Nos aportó mucho, la rapidez de la gestión fue decisiva para poder tratar el asunto. Lo importante era dejar que los niños expresaran lo que sentían e hicimos actividades para recordar al alumno en positivo, que hablasen de él. Le escribieron cartas que entregaron a sus padres, hicimos una misa recordatorio, plantamos un árbol e instalamos un banco con su nombre. Les ayudó a estar en grupo y a llevarlo un poco mejor, con el apoyo de los tutores".
La madre del alumno fallecido, que era muy querido en el colegio, apunta que "hubo muchos niños que lo pasaron mal y eso se hizo para ayudarles". Ella, que al principio no participó de los actos "porque yo no estaba para nada, a mi se me había acabado el mundo en ese momento", reconoce que todas esas actividades realizadas en memoria de su hijo "fueron muy duras pero es muy bonito que le hicieran ese recuerdo. Me dieron todo lo que le habían escrito, en Navidad le dedicaron canciones, fue muy emotivo". Respecto a si todo ello le ha servido de apoyo, ella responde afirmativamente: "Yo no quiero que de mi hijo se olvide nadie".