REDACCIÓN
Demasiados errores y demasiado graves. Y, sobre todo, tras mentir a la propia dirección nacional en algo que iba a descubrirse tan rápidamente como la destitución de Costa (que aseguró que se había producido, cuando había sido todo lo contrario), ya no quedan restos de confianza. La cúpula nacional del PP prácticamente al completo y los principales barones regionales del partido están convencidos de que no queda más salida que la dimisión de su cargo del jefe del Consell y su sustitución por alguien que lleve al partido hasta las próximas elecciones autonómicas de 2011. Sólo Rajoy pide prudencia.
El presidente nacional, principal víctima del engaño de ayer, ya no se oculta en público de expresar su "indignación", en palabras de un veterano político popular, por la actuación en todo este caso de Francisco Camps. Pero Rajoy duda, y así lo manifestó ayer a sus colaboradores más cercanos, sobre qué tendría más coste: si la dimisión ahora de Camps, o mantenerlo hasta las próximas elecciones aunque con pocas posibilidades de volver a ser el candidato a presidir la Generalitat.
Frente a esa llamada a la prudencia, no exenta en todo caso de un notable malestar con Camps, la actitud más radical, pero cada vez con más adeptos dentro de la dirección nacional, de la secretaria general, María Dolores de Cospedal, que considera que la única forma a estas alturas de salvar la situación es que Camps no acabe su mandato. El problema que el PP tiene, en este caso, es doble: el calendario y el sustituto.
En cuanto al calendario, casi todos los dirigentes se muestran de acuerdo en que si hay alguna nueva revelación sobre el caso Gürtel que afecte a Camps o su entorno más próximo, habrá llegado el momento de presionarlo para que dimita. Respecto al sustituto, tiene que ser diputado. Dos son los nombres que desde el principio de esta crisis se han barajado: el de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y el del vicepresidente económico, Gerardo Camps. El problema, en cuanto a la primera, es que no quiere asumir esa responsabilidad, aunque se le plantearía en términos de servicio a un partido al que le debe toda su carrera y sólo para llegar hasta las elecciones, no para ser candidata. En cuanto a Gerardo Camps, en Génova muchos lo consideran "brillante" como político, al punto de que podría ser no sólo un presidente de transición sino también el candidato en las elecciones. Pero sus contínuas ausencias del despacho e incluso de las Cortes, achacadas a motivos de salud, le restan puntos.
En cualquier caso, la percepción generalizada en la cúpula popular, según fuentes cercanas a la misma, es la de que Camps se ha metido en un callejón sin salida, del que el enésimo capítulo, pero se teme que no el último, ha sido el espectáculo dado al aplaudir a Costa en contra de las instrucciones directas que había dado el propio Rajoy. Y existe el temor también a que judicialmente el caso vuelva a complicarse en las próximas semanas.