RAMÓN FERRANDO
El secretario general del PP en la Comunidad, Ricardo Costa, es o ha sido hasta ahora uno de los políticos más cercanos al presidente de la Generalitat, Francisco Camps, de quien se convirtió en su mano derecha tanto en el partido como en las Cortes, donde ejerce de portavoz del grupo popular. Con 37 años, su meteórica carrera política está hoy al borde del precipicio. Costa siempre ha entendido la política como trampolín personal. Es hijo de Juan Costa Galindo, que ejerció de asesor fiscal del presidente de la Diputación de Castellón Carlos Fabra y se ganó con el PP el puesto de delegado territorial de Hacienda en Castellón hasta 2004. Su madre, María Dolores Climent, milita en el partido desde los tiempos de AP y fue concejal en Castellón. Las relaciones de su familia con Fabra fueron clave para que su hermano Juan hiciera carrera en Madrid y él accediera a las Cortes valencianas en 1995. Traicionó a su hermano Juan -ex ministro de Ciencia y Tecnología- segando su alternativa a Mariano Rajoy en el congreso nacional de 2008. Y ha hecho de la lealtad a su superior su única guía de acción, pese a quien pese por debajo de él. Se registró como autónomo en las Cortes, pese a la acumulación de cargos, para no renunciar a seguir aumentando sus ingresos a través de la consultora Cas Legis.
Ha sido presidente provincial de Nuevas Generaciones, secretario de Política Económica y vicesecretario general del partido en la Comunidad, hasta que en junio de 2007 fue propuesto por Camps como secretario general del PPCV, en sustitución de Adela Pedrosa. En la Cámara autonómica ha ejercido como portavoz adjunto del grupo popular y delegado de Economía, hasta que en marzo de 2008 fue nombrado portavoz parlamentario del PP en sustitución de Esteban González Pons, elegido diputado a Cortes Generales por Valencia. Es un hombre de partido en el sentido estricto: Disciplinado, trabajador para el lucimiento de otros y siempre presto a dar la cara en los momentos críticos.
Presentó en las Cortes una declaración patrimonial en la que sostenía que sus cuentas tenían un saldo negativo de 1.500 euros. Sin embargo, el 2 de mayo pasado, mientras circulaba hacia Castellón, el coche en el que viajaba se salió de la calzada y quedó siniestro total. Hechas las averiguaciones oportunas resultó ser un Infiniti FX50 valorado en 77.000 euros. El mismo coche que estaba probando cuando un fotógrafo de Levante-EMV, del mismo grupo que INFORMACION, le sorprendió en el concesionario de Nissan unos meses antes. La compra aparece en el sumario del caso Gürtel.
Pablo Crespo: "¿Hablasteis del coche o no?". Álvaro Pérez: "Sí, eso es un periodista de Levante-EMV que le siguió." Pablo Crespo: "Pues fíjate tú, macho qué peligro, ¿eh?". Álvaro Pérez: "Sí, es un peligro, es un peligroÉ". Pablo Crespo: "Sí, tienes que tener cuidado a ver si te andan también detrásÉ".
En otro pasaje se afirma: Pablo Crespo: "Menos mal, macho, que no fuimos nosotros los que lo gestionamos, si no teníamos un lío con él ¿eh?". Pérez: "Sí, tío. Nada, el sábado te lo enseña. Me ha preguntado, ¿y Pablo? Le digo. Pablo se ha pasado porque es un gilipollas. Cuando vea el mío va a flipar".
En el auto por el que Baltasar Garzón daba traslado al Tribunal Superior de Justicia autonómico de la rama valenciana del caso Gürtel ya se advertía de que Álvaro Pérez ejercía de mediador ante altos cargos de la Comunidad para hacer gestiones personales, y citaba como ejemplo la compra de coches. Costa ha aportado pruebas de que el coche se lo compró él con su dinero. Pero no aclaró por qué los miembros de la trama se jactan de no haber "gestionado" su compra. Costa ha sido visto en el Circuito de Cheste conduciendo una motocicleta Can Am Spyder valorada en más de 20.000 euros. Curiosamente el mismo tipo de moto que llevaba Álvaro Pérez. Sólo cambiaba el color: la de Costa era negra y blanca; la de Pérez, amarilla. Como Francisco Camps, Campos, Betoret, etc., Costa se libró de ser juzgado por cohecho impropio. De lo que no se ha librado es de convertirse en chivo expiatorio al conocerse el informe policial que el TSJ de la Comunidad no quiso tomar en consideración y levantarse el secreto que pesaba sobre 17.000 folios del sumario del caso Gürtel.