REPORTAJE. PATRIMONIO INACCESIBLE
CLARA R. FORNER
Los ascensores que dan acceso a la fortaleza de Santa Bárbara desde la avenida de Juan Bautista Lafora no dejan de dar problemas por distintos motivos. Lo más habitual es que se averíen debido a su antigüedad. Y no es que ambos se rompan a la vez, pero si alguno de los dos lo hace es necesario suspender el servicio porque la única vía de evacuación es a través del otro elevador.
Después de que en los últimos dos veranos hayan pasado gran parte del tiempo averiados, el Ayuntamiento tiene previsto sustituirlos por otros nuevos. El concejal de Cultura, Miguel Valor, ha anunciado que por fin esta necesaria obra se iniciará el próximo mes de noviembre.
Lo ha comunicado esta semana, cuando ha habido otras averías relacionadas con el ascensor. El pasado miércoles por la tarde se rompió el transformador del Castillo y, al quedarse la fortaleza sin luz, de nuevo los ascensores dejaron de funcionar hasta que los técnicos lograron resolver la avería bien entrada la mañana siguiente.
Anteayer sí funcionaban los elevadores, pero lo que no marchaba era la máquina expendedora de tickets situada al final de ese húmedo túnel por el que se llega a ellos, donde se aprecian rodales de moho. De modo que el Ayuntamiento dejó de cobrar ese día los 2,40 euros por persona que cuesta el uso del elevador y permitió entrar a los visitantes libremente.
En realidad, esos 2,40 euros es el único precio que pagan los turistas por acceder al Castillo y sólo lo abonan si suben o bajan por el ascensor. Porque, a diferencia de la mayoría de las fortalezas europeas, el turista puede disfrutar de la visita al Castillo de Santa Bárbara y sus envidiables vistas de forma gratuita.
Señalización insuficiente
El problema es que en ocasiones resulta complicado llegar cuando pretenden hacerlo con vehículo privado. Por ejemplo, quien accede desde la zona de Juan Bautista Lafora o desde la avenida de Dénia hacia el Benacantil lo tiene complicado si no conoce la zona del Pla, ya que no existen señales que indiquen la dirección. Precisamente, unas turistas preguntaban el pasado viernes a esta redactora cómo podían llegar a la carretera de subida al monumento tras haber pasado la rotonda de la plaza del Doctor Mas Magro, por la calle de Vázquez de Mella, es decir, la prolongación de Alfonso El Sabio. Porque el monumento está a la vista, pero no es fácil encontrar el lugar exacto donde realizar el giro sin dar uns cuantas vueltas ya que sólo hay paneles que indican el acceso al hospital Perpetuo Socorro.
Pero bastante peor lo tienen quienes no disponen de vehículo privado y quieren subir cuando el ascensor está roto.
Siempre queda la opción de hacerlo caminando, pero sólo resulta recomendable para las personas que estén en buena forma física, sobre todo en verano.
También tenemos la posibilidad de coger en taxi o de utilizar el turibús. Este último es un servicio que funciona entre las 10 y las 14 horas y de 16 a 19 horas. Sale aproximadamente cada hora de la plaza de la Puerta del Mar y tiene diez paradas. El usuario puede bajarse en el Castillo, realizar la visita, y luego coger el siguiente. Pero su precio es de diez euros para los adultos, cinco para los niños y siete para la tercera edad ya que no sólo lleva a este monumento, sino que continúa por Alfonso El Sabio, Luceros, sigue por Óscar Esplá y regresa por Canalejas y la Explanada. El problema se crea los días en que llegan los cruceros, como ha ocurrido varias veces esta semana. En estas jornadas, se habilitan cuatro vehículos turibús. A ellos se suman los autobuses discrecionales que montan las compañías privadas y que suelen visitar Alicante desde lugares de la provincia como Benidorm.
El problema reside en que en el aparcamiento de Santa Bárbara sólo caben seis autobuses y, cuando llegan más, deben quedarse parados en la cuesta del Benacantil -que tiene una pendiente de hasta un 15%- esperando a que quede un hueco, con las dificultades de maniobra que todo ello supone.
Fuentes del sector turístico apuntan la necesidad de que el Ayuntamiento se coordine mejor con el Puerto para programar la llegada de estos turistas y, en la medida de los posible, evitar la acumulación de autobuses en tan reducido espacio.