MERCEDES GALLEGO. VALENCIA
Para ser un día festivo, ayer en el Palau de la Generalitat olía a muerto. El tufillo a funeral que se intuía desde hacía días se extendió como la pólvora con el speech de González Pons hablando del fin de la fiesta y a eso del mediodía no quedaba rincón en la capital del Turia al que no hubieran llegado los ecos de un cese cantado. Para entonces, cientos de ojos y varias decenas de objetivos ya habían renunciado a captar la que habría sido una de las imágenes de la jornada: la de Camps y Costa juntos tras constatarse que el jefe del Consell había dejado caer a su más estrecho colaborador y compañero de fatigas en el calvario Gürtel. Pero no fue posible. Tras intercambiar un beso con su hermano Juan, presenciar el acto institucional junto a sus rivales del PSPV, Jorge Alarte y Ángel Luna, y mostrarse más recatado de lo que en él es habitual, el número dos del PP en el Comunidad declaró a los medios de comunicación que seguía teniendo la confianza de su superior y desapareció con su novia, la ex Bellea del Foc metida a edil en el Ayuntamiento de Alicante, Laura Chorro, rumbo al Camino de Santiago.
Hora y media antes, el salón de Corts, donde algunos de los otrora incondicionales de Costa apenas les brindaron un frío apretón de manos -los hubo que ni eso-, era una olla a presión con una modesta representación de la provincia. Amén de los galardonados -el presidente de la Diputación, José Joaquín Ripoll, el ex presidente de la CAM, Vicente Sala, y el director del museo de Puçol de Elche- por el Palau desfilaron dos alcaldesas: la de Alicante, Sonia Castedo, que se marchó nada más concluir los himnos, y la de Orihuela, Mónica Lorente, a las que saludó un exultante y relajado Zaplana de tez morena y corbata verde olimpiadas Madrid 2016 que llegó acompañado de Juan Costa. Relax que destacaba más, sin cabe, en contraste con la mueca forzada con la que su sucesor al frente de la Generalitat irrumpió en el salón pretendiendo hacer creer a los presentes que aquello era una sonrisa.
Entre los testigos de ese momento, el presidente de la CAM, Modesto Crespo, el presidente y el director de IFA, Moisés Jiménez y Antonio Galvañ respectivamente, y Carlos Castillo, presidente de Jovempa, quien acudió también en representación de Coepa. No faltó la directora de la Ciudad de la Luz, Elsa Martínez, acompañada del actor Pepe Sancho, ni la vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia, Carmen Galipienso, entre otros.
El paseo entre el Palau y el Ayuntamiento de Valencia, desde donde parte la procesión cívica que se celebra cada 9 d´Octubre, pudo suponer para Camps una pequeña inyección de moral que tuvo su contrapartida en el recorrido a la inversa, durante el que partidarios y detractores del jefe del Consell coreaban sus consignas en un equilibrio de fuerzas que se rompió al enfilar la calle de la Paz, territorio popular en el que enmudecieron las peticiones de dimisón y dejaron de leerse carteles con "Trajes para todos" o "En Picassent sí que hay buenos trajes". Y entre grito y pancarta, el poso de humor de uno de los presentes: "Antes de hablar tanto con el Bigotes Camps tenía que haber tenido presente quién trabaja en Telefónica".