V. B.
"He tenido mala suerte, toda la vida trabajando en hoteles y restaurantes pero ya no me llaman". Priscila Mora, diez años en la hosteleria como camarera, necesita un empleo estable que no le deje sin paro y se ha propuesto sacar el graduado: "Ahora sólo te llaman para unos días y vuelven a echarte". Veinteañera, hace dos años que intentó hacer el graduado pero le dio prioridad al trabajo. "Ahora es al contrario. Voy a estudiar y venir todas las tardes. Que sale algo de mañanas, pues bien, pero lo primero es sacarme los estudios porque te lo piden en todas partes".
A Priscila le acompaña Antonio Javier, que alucina con las colas ante el Giner de los Ríos: "Me matriculé del graduado hace un par de años y entré en minutos. Ahora llevamos ya tres horas".
Benjamín trata de poner una nota de humor en la espera y bromea con que va "de cola en cola, de la del paro a la de la educación", pero critica que se de tanto bombo a la formación para ofrecer luego "tan pocas oportunidades, porque mira cómo está esto y no todos tendremos plaza. No creo que ésta sea la manera de afrontar la crisis económica". Su chica, Selena Isabel, quiere hacer el graduado "definitivamente". Como Priscila, a quien precede en la cola, ha trabajado en la hostelería y se ha quedado en el paro. Otras veces intentó sacarse el título de la enseñanza obligatoria, pero no lo acabó.
Los directores de los centros de adultos reclaman por su parte a la conselleria el reglamento de funcionamiento del que todavía carecen: "Somos la marioneta de la enseñanza. Esto funciona por voluntarismo y por trabajo puro y duro", resume Joan Pérez.