A. T.
La crisis también ha tenido su efecto sobre los movimientos migratorios entre distintos municipios alicantinos, que en 2008 se redujeron un 14 por ciento después de siete años de incremento constante. Según los datos del INE, el año pasado cambiaron de residencia sin salir de la provincia 38.280 personas, frente a las 44.554 que lo hicieron en 2007. Esa cifra era un 50 por ciento superior a la que se había registrado sólo cinco años antes.
En el periodo de bonanza económica, las perspectivas de trabajo, por un lado, y el elevado precio de la vivienda en los municipios de mayor tamaño, por otro, propiciaron el traslado de miles de personas. Sin embargo, esta súbita inversión de la tendencia invita a pensar que, en la actual coyuntura, son muchos menos los que están dispuestos a cambiar de residencia o pueden afrontarlo. En este sentido, los vaivenes de los sectores económicos tradicionales, a los que alude Gómez Gil, pueden haber resultado determinantes. Las dificultades que atraviesan algunas industrias "se reflejan en las pautas demográficas" incluso a la hora de cambiar nada más que de un municipio a otro.
El director del Seminario Permanente de Inmigración de la UA comenta que, en estas circunstancias, "el campo es el único sector que ha mantenido el tipo e incluso se ha convertido en refugio". La agricultura, pese a que ha pasado a tener un peso relativo poco significativo en el conjunto de la economía provincial, ha conseguido mantenerse más estable, de manera que "su pequeño crecimiento ha resultado llamativo". Estas actividades han contribuido a paliar la destrucción de empleo en otros sectores, aunque en términos globales los efectos hayan sido leves.