REPORTAJE. ANÁLISIS DEL CAMBIO
REDACCIÓN
El presidente de la Generalitat, Francisco Camps, ha zanjado su "annus horribilis" con un sutil golpe de timón, con su peculiar estilo de mover peones para dar una "segunda oportunidad" antes de mover el banquillo. Acosado durante meses por el Caso Gürtel, la crisis y la falta de financiación que han lastrado el impulso político del Consell, el curso se ha iniciado con una remodelación endogámica del ejecutivo valenciano en la que Camps y su "círculo de confianza" retoman las riendas, aunque parezca una perogrullada.
La clave de este cambio de rumbo es la desaparición de la Conselleria de Presidencia hasta ahora dirigida por Vicente Rambla, de quien se ha asegurado que salía reforzado de la remodelación, al asumir las competencias de Belén Juste (Industria, Comercio e Innovación), aunque perdía la condición de portavoz. El quid de la cuestión se reveló ayer con la publicación extraordinario en el Diari Oficial de la Comunitat Valenciana de la distribución de responsabilidades de las consellerias.
En ellas, las nuevas competencias del vicepresidente primero, Vicente Rambla, se apartan de los focos mediáticos y sólo mantiene las tareas más grises -u oscuras- de la extinta Conselleria de Presidencia: relaciones con las Corts, secretariado del Consell, la abogacía de la Generalitat y la coordinación entre departamentos.
El cogollo del poder vuelve a la jefa de Gabinete de Camps, Ana Michavila, "que es la que manda, junto a sus amazonas", según un político del PP. Y es que Presidencia de la Generalitat se ha convertido en una cantera de oro casi tan efectiva como dicen que es la del Barça. También ha salido reforzado Juan Cotino al asumir la conselleria que dejó el fallecido García Antón. Un avance evidente que se resume en la gráfica frase con la que un conseller definía la última remodelación de Camps: "Gana Cotino y pierde Rambla".