ÁFRICA PRADO
Con algunos meses de retraso -su apertura se anunció entre marzo y abril- pero con mayor capacidad ha comenzado a funcionar hace un mes el centro de día para personas mayores ubicado en el edificio de Plaza de América, que sustituye al anterior centro de Juan XXIII, de 20 plazas, con capacidad para elevarse hasta 60. De momento hay cerca de 40 usuarios incorporados progresivamente a estas instalaciones, de titularidad municipal, a los que se les presta atención socio-sanitaria desde las 8 de la mañana.
Los mayores son recogidos en sus domicilios y devueltos a casa a las 6 de la tarde; en el centro de día reciben el desayuno, la comida y la merienda y participan de diversas actividades, como gerontogimnasia, terapia ocupacional o estimulación cognitiva. Las instalaciones, de mayor superficie que el anterior centro, disponen también de salas de lectura y biblioteca, de siesta en sillones, vestuario, comedor o zona de huerto, que comparten con los vecinos del edificio.
El servicio, totalmente gratuito, depende de la Concejalía de Acción Social y está gestionado por Alfis 31, empresa a la que se adjudicó el contrato por 327.000 euros. El coste es de 32,29 euros por día y usuario, que es derivado a propuesta de los servicios sociales municipales. La edad media es de 81 años.
El perfil del usuario de este servicio es muy definido: personas con pensiones no contributivas, que se valen por sí mismos pero que tienen algún tipo de dificultad física, de desarraigo o soledad, con el fin de facilitarles en lo posible su autonomía y evitar que esos pequeños problemas provoquen un deterioro mayor de la persona.
Este es el caso de Teófilo García Parrado, de 87 años, que ha estado acudiendo al centro de Juan XXIII durante cinco años con su mujer, que hace un año sufrió un infarto cerebral y se encuentra en una residencia, "y suerte que nos la aprobaron", añade. "Al quedarme solo dije: '¿y yo qué hago ahora?' porque soy una persona muy activa, así que volví -apunta-. Aquí nos conocemos ya todos, somos como una familia. La gimnasia a mí me está rejuveneciendo y las actividades que hacemos me mejoran. Yo no vengo para jugar a las cartas".
Otra de sus compañeras, de nueva incorporación, es Catalina Tornero, de 86 años, que sale de la clase de gimnasia y aclara que a ella no hace falta que la recojan en su casa porque llega caminando desde Carolinas. Viuda desde hace trece años, señala que fue idea de su hija acudir al centro de día y reconoce que, antes de empezar, "se me hacía el día muy largo, todo el día metida en casa. Ahora mi hija me dice que he hecho muy bien, y yo estoy muy contenta, las chicas son muy cariñosas y el sitio me gusta mucho".
La coordinadora y la trabajadora social del centro, Begoña Cruz y Paula Barthou, explican que "al principio llegaron todos con un poco de recelo y temor por el cambio, al ser un sitio nuevo, más grande, y con otros compañeros, pero la adaptación ha ido mejor de lo que esperábamos". Ninguno de los que ya conocían el de Juan XXIII dudan en quedarse con el nuevo espacio, en cuyos sillones reclinables confiesan darse "unas cabezaditas estupendas".
El 75% de las personas que disfrutan de este servicio son mujeres, en su mayoría viudas, "que viven con algún familiar o prefieren vivir solas, pero necesitan algún tipo de acompañamiento; la compañía la valoran mucho, igual que el hecho de salir de casa, arreglarse, y venir a un sitio donde hablar y estar con gente", apuntan las responsables del centro.