D. NAVARRO/ A. TERUEL
Consciente, con toda probabilidad, de la decisión que iba a tomar la ejecutiva federal en Madrid, el secretario general del PSPV, Jorge Alarte, intentó ayer reducir la brecha que su rotunda negativa a apoyar una moción de censura en Benidorm ha creado entre los socialistas alicantinos. Durante la comida en la que reunió a una veinena de dirigentes del PSOE de la provincia en el hotel Bonalba de Mutxamel -y que se había interpretado como un acto de adhesión a sus postulados-, Alarte sólo aludió al tema de pasada para defender el cumplimiento del Pacto Antitransfuguismo y solicitó a los presentes que no se discutiese sobre la cuestión "por respeto" a los ausentes ediles benidormís, tal y como habían reclamado los más críticos.
Su discurso conciliador fue bien recibido pero, aún así, el secretario general de los socialistas valencianos tuvo que oir algunos reproches a la forma en que se había gestionado el asunto. El concejal Baltasar Ortiz (Sant Joan) criticó que los socialistas hayan convertido en una crisis interna la situación del Ayuntamiento de Benidorm, cuando es, a su juicio, el PP quien tiene un problema para gobernar el municipio. Igualmente, la alcaldesa de Mutxamel, Asunción Llorens, le reclamó que se sentase a dialogar con la secretaria provincial, Ana Barceló, para acercar posturas y evitar que este tipo de divisiones puedan repetirse o se ahonde la división actual.
También varios concejales y alcaldes, como la de Guardamar, Maryléne Albentosa, reclamaron a Alarte una mayor presencia en la provincia, aprovechando que ha abandonado su cargo en el Ayuntamiento de Alaquàs, y una "alicantinización" de su discurso en temas como la posible fusión de la CAM y Bancaja y otros asuntos especialmente sensibles en la provincia. Por su parte, el secretario general del PSPV pidió a los presentes que explotasen el enfrentamiento entre José Joaquín Ripoll y Francisco Camps para desgastar al PP.