REPORTAJE. CENTRO DE MENORES
ANA AITANA FERNÁNDEZ
La piscina y la sala de juegos, donde también se guarda un gran baúl con disfraces, intensifican durante el verano sus visitas. Sin embargo, éstas son sólo algunas de las opciones que los residentes del Centro de Acogimiento de Menores Els Estels tienen para oxigenarse en vacaciones. Su situación de desamparo o riesgo social provoca que unos 36 niños -contando los que viven allí y los que sólo acuden de día-, entre los seis y los diecisiete años, crezcan en este hogar gestionado por la Fundación O'Belén en Alicante. Su objetivo es normalizar al máximo la situación de estos niños mientras estén bajo su cuidado, preparándolos para el futuro que les espera al cumplir la mayoría de edad, cuando deban abandonar la que, hasta ahora, ha sido su casa. "El mejor aprendizaje es darles herramientas y destrezas para que sean autónomos. Nosotros somos un trampolín donde facilitarles el salto el día de mañana", apunta Pablo Álvarez, director del centro. "En general, continúa, se trata de casos en los que la familia ha fracasado".
En julio y agosto sus horarios se relajan, se les permiten más salidas a la playa, excursiones y, sobre todo, se les anima a apuntarse a talleres, buscarse un trabajo o participar en diferentes asociaciones. Como Coraima que acaba de terminar un curso de natación de diez días -el resto del año dedica sus esfuerzos a la gimnasia- o Lucas que es, junto a cuatro compañeros más, miembro de la formación de percusionistas Pan de Azúcar, con los que también actúa.
En lugares como el centro social de Los Ángeles o el Centro 14 reciben la oferta lúdica y didáctica que necesitan. "Hoy hemos hecho una pancarta para el fin de curso y vamos a hacer el baile de Thriller", asegura Mirella mientras muestra algunos de los pasos que hicieron famoso al rey del pop. Esta niña de once años pasa, junto a sus tres hermanos, el día en el centro. En estos casos, según el responsable de Els Estels, "somos un apoyo socio-educativo para el menor y su familia". También hay quien vuelve con los suyos en estancias temporales, ocho este verano.
De los 25 profesionales que trabajan en Els Estels, los educadores forman uno de los pilares más importantes para los niños, ya que son los que conviven con ellos día a día. Su labor incluye también el ejercer de tutores de los menores como una especie de hermanos mayores. "Por las mañanas Dani nos lleva a correr al Tossal y con Zoe hacemos pulseras", afirma Isabel, que también confiesa llevarse alguna que otra bronca. Esta adolescente ya ha vivido en dos familias de acogida y éste es su segundo verano en el centro: "Me ha gustado pasar por aquí, se está mejor que en tu casa". A su lado, su compañera de cuarto Jenifer interrumpe. "Al principio es un horror porque pasas de vivir con tu familia a estar con gente que no conoces pero luego te acostumbras, sobre todo, gracias a mis compañeros". Hasta hace un mes vivía con sus padres pero la trasladaron al centro a causa de sus circunstancias familiares. La piscina no le gusta mucho pero insiste: "Tampoco nos quedamos todo el día aquí encerrados". De hecho, para finales de agosto ya están preparando una acampada en Banyeres.
Al contrario que ellas, los que rozan los dieciocho tienen ya la vista puesta en su futuro. Y es que una vez pasada la frontera de lo que legalmente se considera un menor tienen que irse. "Intentamos que se busquen algún trabajo en verano o que aprovechen para seguir formándose", afirma Noelia Martínez, educadora de Els Estels. De ahí la necesidad de "trabajar su autonomía a nivel laboral". De momento, todavía les queda tiempo para seguir creciendo.