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MERCEDES GALLEGO En continuo tránsito entre arquitectura y literatura, un territorio en el que se le nota cómodo, al autor de los cafés Noray y Del puerto, de la estaciones del Tram de Mercado y Luceros o de edificios como las oficinas de la Diputación de la calle Tucumán, de Benigar, del instituto Bernabéu o del restaurante Monastrell acaba de premiarle la Bienal Española de Arquitectura por un bloque de viviendas protegidas para mayores en Benidorm. ¿Qué papel han de jugar los arquitectos en los cambios demográficos y las necesidades que se deriven?
Un buen arquitecto tiene que estar atento a lo que ocurre y anticiparse a lo que viene. En la vivienda o en el urbanismo son las propuestas arquitectónicas las que van por delante de esos cambios que después se acaban consolidando. Para bien y para mal. La profesión de arquitecto sólo admite el compromiso total y, ejercida adecuadamente, tiene el reto de elevar todo a rango de público: lo público es lo sagrado porque nos compete a todos. Dicho de otro modo: no admito la coartada de que trabajo para un señor y por tanto me debo a él; yo trabajo construyendo el territorio, no puedo obedecer sólo a directrices privadas, debo atenderlas pero también elevar el rango de mi compromiso.
Ahondando en ese compromiso, ¿qué relación debería haber entre los arquitectos y el poder político?
Los buenos políticos tienen que saber delegar y, lo que es más difícil, saber en quién hacerlo porque lo que debe preocuparnos no es tanto qué se va a hacer sino quién lo hace. Deben buscar la competencia y el prestigio profesional. Y en Alicante hay varios ejemplos.
¿Cómo cuáles?
Como la intervención del Tram en la Sangueta. En ciudades como Alicante se producen a lo largo de las décadas unas cuantas buenas obras, pero verdaderamente importantes sólo se da alguna cada 50 años. La única realmente brillante de la segunda mitad del XX fue el Centro de Estudios Superiores (CESA), que hizo mi padre. Y después de esa, la que se ha hecho en la Sangueta. Es una intervención difícil de valorar en un primer vistazo porque se ve poco, lo que es un atributo de una buena obra. Y es un ejemplo de lo que decía antes: una administración decidida a intervenir en un sitio complicado y un saber elegir a los arquitectos (Urcelay y De Miguel). Y tenemos esa obra que ahora es finalista de los premios más importantes de España en arquitectura. Pero hay más: el muro del Raval Roig, donde ha funcionado bien todo el proceso. El proyecto inicial lo hacía desaparecer sustituyéndolo por una infraestructura más económica pero el Colegio de Arquitectos presionó e hizo recapacitar al Ayuntamiento que atendió las sugerencias, retiró el proyecto inicial y finalmente se hizo de otro modo. Se puso en manos de Marius Beviá, un buen arquitecto, con lo que volvemos a la importancia de quién hace las cosas. Y el resultado está ahí y es magnífico.
Lo que no suele ser lo habitual en esta ciudad.
Está también la otra cara: la pasarela de Juan Bautista Lafora. He leído que la alcaldesa quería sustituirla cuando lo único que necesita es una limpieza y una reparación mínima. Es una pieza espléndida y me asusta escuchar que se podría cambiar por otra más vistosa, un calificativo que en ingeniería o en arquitectura es preocupante. Por eso es importante escuchar a los expertos, poner los proyectos en manos de personas competentes y marcar los tiempos necesarios.
Aunque ya es tarde, ¿fue un error demoler el edificio de la Isleta?
Así como con el muro todos hemos salido ganando, con aquella actuación se perdió mucho más que la Isleta. Creo que era fácil de explicar y de entender que mantener la Isleta sólo procuraba beneficios. Y se perdió otra cosa: la oportunidad de Alicante, que puede presumir tan poco de arquitectura y desarrollo urbano, de haberse significado como la primera ciudad de España que conservaba un edificio de menos de 50 años cuando había informes serios que avalaban su conservación.
¿Cómo define el espacio que ha resultado tras su remodelación?
La banalidad más absoluta, una rotonda decorada. El valor no es tener poder sino querer como interlocutor a la persona más competente porque así se tomarán las mejores decisiones. Eso se dio en el muro, una serie de complicidades y de trasvases de competencia y de poder, pero no en la Isleta. Los políticos que entienden esto son capaces de crear una gran ciudad, como ocurrió con la transformación de Barcelona.
¿Puede venderse Alicante como ciudad turística en el estado en que se encuentra? ¿Se soluciona el problema poniendo maceteros?
Es esperanzador que haya una preocupación por lo pequeño. En eso se ha notado un cambio en el gobierno local. Es bueno que haya una valoración de la ciudad no sólo por sus fiestas, su sol y sus playas sino también por sus plazas, sus jardines... Y es esperanzador ver que se ha girado la vista hacia eso. Para mí fue una grata noticia que decidieran sacar los coches de la plaza del Ayuntamiento, lo que era un oprobio a la ciudadanía como no he visto en ninguna otra ciudad. Lo que me parece triste es que Castedo haya esperado a ser alcaldesa para hacerlo cuando hay otros departamentos, como Urbanismo, desde donde se podía haber hecho antes. Pero creo que lo más importante para empezar a adecentar la ciudad es limpiarla.
¿Alicante está sucia?
Sin duda, está muy abandonada en lo pequeño, cuando es lo más importante.
¿Qué tendría que hacer el Ayuntamiento?
Lo más importante de las ciudades son los bordillos, las aceras, los alcorques... lo que ves cuando miras al suelo. Que tenga un buen mantenimiento.
¿Ve justificada la existencia de una concejalía de Imagen Urbana?
No, en ningún caso. Ya hay una de Atención Urbana.
¿Ha tenido ya tiempo de conocer el nuevo PGOU?
No a fondo
¿Qué opina del proyecto de remodelación del Rico Pérez?
Sin conocer los entresijos de la operación, como arquitecto apuesto por la alta densidad...
Benidorm frente a Torrevieja.
Sí, eso sería, aunque hay que matizar. Hablar de núcleos urbanos de alta densidad es hacerlo de sostenibilidad y operatividad. Sin entrar en otras cuestiones, el crear un punto de alta concentración es bueno. De lo que conozco me parece acertada la idea del edificio mixto que albergue una actividad comercial y de servicios. No soy muy amigo de los centros comerciales porque contribuyen a que se pierda la estructura de una ciudad en la que yo sigo creyendo, pero el que aparezca una pieza en el lugar donde está el estadio, donde no existe un dibujo de calles de fachada continua sino edificios rodeados por sus vallas, no me parece mal. No me dan miedo las alturas. De hecho, uno de los edificios que más que gusta de Alicante es el Gran Sol.
¿No le parecen mal entonces las torres previstas en la Estación de Renfe?
No temo los edificios altos sino la mala arquitectura. Eso no quiere decir que me guste el proyecto porque no lo conozco. Sólo he visto un dibujo de la estación que se publicó, una especie de centro comercial hortera que da pánico. Es otro ejemplo de la arquitectura de la banalidad.
¿El diseño del centro de congresos estaría cerca de esa banalidad?
Es la banalidad, la arquitectura del espectáculo. Los espacios de referencia no se pueden crear de forma artificial, no los pueden hacer los políticos ni los arquitectos. Esos lugares se van creando con el tiempo porque han tenido un uso público y han sido frecuentados...
Como el Noray.
Mi experiencia más hermosa como arquitecto en 25 años de profesión es pasear un domingo por el puerto y ver el Noray lleno de gente que no ha pensado nunca ni de lejos en mí. Es un espacio que permite un disfrute, que se ha convertido en un punto de referencia incluso para gente de fuera. ¿Cómo? Atendiendo la arquitectura en ese lugar en concreto, optimizando las preferencias: por dónde sale el sol, dónde están las mejores vistas, qué tipo de construcción puede ser más evocadora de la experiencia del mar, las técnicas constructivas... todo eso son los materiales reales con los que yo trabajo, algo que nada tiene que ver con el centro de congresos.
Al margen del diseño del edificio, ¿en qué medida puede ayudar esta instalación al desarrollo de la ciudad?
No sé si para Alicante tiene ahora mucho sentido hacer un palacio de congresos. Durante el tiempo que hemos perdido otras ciudades se han ido sumando al turismo de congresos y, en cuanto a la oportunidad de negocio, no sé hasta qué punto no hemos perdido el tren.
No parece muy entusiasta del turismo de congresos.
Creo que nos interesa más recibir otro tipo de visitas. No tengo mucha confianza en los palacios de congresos, ni ahora ni cuando mi padre estaba haciendo el que iba en el Benacantil. Hay ya muchas ciudades monumentales muy bien comunicadas que ofrecen ese turismo. Además, ¿quiénes presionan por los congresos? ¿Los hosteleros? ¿Los mismos que pedían el teleférico? El Ayuntamiento tendría que empezar a escuchar otras voces que opinen sobre la ciudad, voces cualificadas, capacitadas... además de la Fiesta, los comerciantes, los hosteleros o los empresarios. ¿Dónde está la Universidad? ¿Dónde están los profesionales liberales? Toda esa gente forma parte de uno de los estratos del armazón de la sociedad. Y yo nunca leo en los periódicos que el Ayuntamiento haya contactado con sociólogos, con arquitectos, con economistas dedicados al urbanismo, con ingenieros, geógrafos... gente que piensa a otro nivel que no es el de la necesidad particular e inmediata. No se deben trasladar las peticiones de la calle al papel directamente, hace falta una reflexión mediadora y eso no se ha hecho nunca.
¿Qué dirían esas voces del acceso a Alicante desde El Altet?
Hay una gran oportunidad ahora con la Casa del Mediterráneo y la rehabilitación de la Estación de Benalúa, otra buena noticia para la arquitectura que espero caiga en las manos adecuadas. Pero no sé como se va a hacer porque con el edificio del Archivo Provincial y con el de la Biblioteca del Paseíto Ramiro, los dos que ha sacado a concurso la Dirección General de Cultura del Ministerio, de todos los conceptos que intervienen se ha tenido muy en cuenta la oferta económica. Si Cultura estima que la forma de adjudicar una obra a un arquitecto es buscando al más barato, ¿a qué podemos aspirar?
¿Qué piensa cuando mira el parque tecnológico de Elche y lo compara con los polígonos industriales de Alicante?
Otra oportunidad perdida de Alicante. Elche es una ciudad industrial y yo creo que las ciudades industriales tienen más empuje que las comerciales. No es sólo Elche, está Alcoy. Son ciudades que sobreviven en el tiempo con una conciencia de sí mismas mayor. Las ciudades que tiene un origen comercial, como Alicante, necesitan la llegada del de fuera para ver qué le pueden ofertar.
Hace años usted advirtió de la focalización de la economía en el urbanismo. ¿Tenemos merecida la crisis por no haber reaccionado a tiempo?
Estaba claro que ese crecimiento en metástasis hiperdesarrollada que se estaba produciendo en el territorio de esta zona era imposible que continuara eternamente, pero hubo quien no lo quiso mirar y prefirió aprovechar el momento. Por eso esta comunidad es de las más afectadas, porque la economía estaba sustentada sobre la oportunidad del negocio... es lo que decía antes: estamos pendientes de quién venía a comprar y como demandaban casas todo se dirigió al ladrillo. Sólo los políticos tienen capacidad para poner control a esa situación porque los grandes empresarios no lo van a hacer. Más allá de las promociones públicas, la vivienda tendría que estar garantizada para que fuera accesible a todo el mundo, debería haber una intervención del Estado como sobre otros productos de primera necesidad. Y también creo que esta crisis está muy relacionada con los márgenes de beneficio, que se deberían adecuar.
Usted podría trabajar donde quisiera pero sigue instalado y ligado a esta ciudad. ¿Se siente reconocido en su tierra?
En eso no pienso. Yo intento hacer siempre una obra de calidad y desde luego que lo que más me gustaría es trabajar en mi ciudad, pero la administración local no me ha llamado para encargarme nada. Lo he intentado, he participado en concursos, pero no me han elegido. Aún así, yo me guío por las palabras de Stendhal: desear mucho, esperar poco, pedir nada.
¿Pesa mucho el apellido García-Solera dedicándose a la arquitectura? ¿Ha podido influir?
No creo. Siempre he llevado una trayectoria independiente y he buscado con ahínco hacer obra pública porque es la que más me interesa No he tenido encargos aquí y nada me gustaría más que ser arquitecto de mi ciudad no tanto por el volumen de la obra sino porque mi trabajo se desarrollara aquí. ¡Qué más quisiera! Sufro por lo que pasa en mi ciudad y por supuesto que me alegro por lo bueno. Por eso sufrí con la demolición de la Isleta y me alegro enormemente por el muro del Raval Roig y la intervención en la Sangueta. Y por eso me he alegrado de que por fin, al parecer, se haya abandonado la idea del teleférico, otro ejemplo de ciudad-espectáculo.
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