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HEMEROTECA » |
P. R. F. A primera hora de la mañana del jueves -faltaban pocos minutos para las nueve-, el presidente de la Diputación, Joaquín Ripoll, cerraba el enésimo acuerdo con los socialistas para que dieran su visto bueno al plan de obras y servicios, el principal programa anual de inversiones que gestiona la institución provincial. Ripoll necesitaba la alianza. Tenía previsto aprobar un listado de obras que primaba a las localidades que le permitieron repetir como presidente provincial del PP excluyendo del reparto, de esa manera, a los campistas. Y el apoyo de los socialistas era muy importante para neutralizar cualquier intento de presión de los seguidores del jefe del Consell para cambiar la distribución.
En la tarde del miércoles, horas antes del pleno en el que se aprobó el plan de obras y servicios -dotado este año con 21 millones de euros-, el listado de obras que manejaba Joaquín Ripoll era de dominio público entre la mayoría de los alcaldes campistas vetados. Tras un sinfín de llamadas telefónicas, en las que se llegó a poner sobre la mesa la posibilidad de que los siete diputados fieles al jefe del Consell formalizaran algún tipo de protesta -se barajó la opción de un plante-, los afines a Camps optaron por mantener la calma. El pacto de José Joaquín Ripoll con los socialistas les dejaba con un margen de maniobra muy reducido: el presidente de la Diputación se había asegurado la mayoría y los votos campistas se habían quedado casi sin valor. Así las cosas, a pesar de evidenciar en privado su disgusto, la sangre no acabó llegando al río.
En los últimos tiempos, sobre todo a raíz de que la guerra interna del PP se recrudeciera con el intento de Camps de hacerse con el mando de la dirección provincial, los contactos entre Ripoll y los socialistas -con el portavoz en la Diputación, Antonio Amorós, como enlace- se han intensificado. No fue casual, sin ir más lejos, la presencia de los principales dirigentes del PSPV en la provincia -con Alejandro Soler y Ana Barceló a la cabeza- en la presentación del plan estratégico de la Diputación, boicoteada por el Consell y los cargos campistas. O el hecho de que, a primeros de diciembre, se frustrara una moción de censura en Elche, pactada por la portavoz del PP ilicitano, Mercedes Alonso, con la socialista Ángeles Avilés, que ahora ve premiada su "lealtad" con un puesto de salida para el Parlamento Europeo. Avilés, pese al acuerdo, finalmente no firmó pero tampoco lo hizo el único concejal ripollista y miembro de la dirección provincial del PP, Emigdio Tormo.
El rumbo que tomaron todos esos movimientos tiene que ver, y no en poca medida, con las relaciones extraordinariamente fluidas que mantienen Ripoll y el citado Antonio Amorós. Conversan casi a diario e, incluso, el portavoz del PSPV en la Diputación ha ejercido de intermediario para que el titular de la Diputación se reuniera con Alejandro Soler o, esta misma semana en una foto inédita, con la nueva responsable provincial de los socialistas, la sajeña Ana Barceló. Pero esa relación no viene de ahora. Y las pruebas son evidentes.
Durante los dos mandatos de Julio de España en la Diputación -entre 1995 y 2003-, los socialistas no aprobaron con sus votos ni un sólo plan de obras provincial ni tampoco ningún presupuesto. Era una cuestión de filosofía. El partido que ejerce la alternativa no puede aprobar los "grandes temas" de la gestión gubernamental. Desde que llegó Ripoll al Palacio Provincial y Antonio Amorós accedió en 2003 a la portavocía del PSPV en la Diputación, todo cambió. El tono de la oposición se fue diluyendo, no sin el disgusto de algunos diputados del puño y la rosa, lo que ha propiciado que, desde entonces, los socialistas hayan evitado el voto en contra en todos los planes de obras -con la excepción de un sólo año- que ha presentado Joaquín Ripoll. Y que las abstenciones en los presupuestos hayan culminado con el voto favorable de este año. Una gran coalición.
Las buenas relaciones de la dirección provincial del PP con los socialistas, por tanto, han dado sus frutos en municipios -con el citado caso de Elche o con los pactos de gobierno entre los populares y el PSPV en Salinas o Senija, para apartar de la alcaldía a las candidaturas más votadas del ex alcalde de EU, Juan Amorós, ahora en una lista independiente y del Bloc, respectivamente-; y, obviamente, en la Diputación. Tanto es así que, en estos momentos, la corporación provincial sostiene los "aparatos" administrativos -asesores y cargos de confianza- de unos y de otros. De los populares y de los socialistas.
La entente entre Ripoll y Antonio Amorós ha permitido, por ejemplo, que los socialistas hayan multiplicado casi por tres el número de asesores y cargos adscritos a la labor del grupo en relación a los mandatos de Julio de España. Y que, con el mismo número de escaños, todos los diputados del PSPV hayan tenido ahora la oportunidad de liberarse en el Palacio Provincial cuando con De España al frente de la corporación, los socialistas apenas si llegaron a contar con sólo cuatro diputados cobrando sueldo de las arcas de la corporación provincial.
Pero, más allá de los números, como siempre, las relaciones son una cuestión de gestos. Hoy por hoy, Amorós tiene un trato institucional -sólo hay que ver las fotografías de actos oficiales o los viajes- similar al de un vicepresidente; y es el único portavoz socialista de la Diputación en la oposición que viene disfrutando, cosas de la política, de coche oficial.
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