BELÉN GARCÍA
Momentos después de declararse el incendio, en la misma zona de El Copet, algunos vecinos se resistían a irse, entre el nerviosismo y las lágrimas, sin saber qué sería de sus viviendas, de sus pertenencias o incluso de sus mascotas. Antonia León, junto a su familia, lloraba desconsolada porque había tenido que abandonar a sus cinco perros dentro de casa. "Tenemos los perros dentro y no nos dejan cogerlos" decía entrecortada, "mi casa, mi casa está al lado de una pinada, se va a quemar" y no podía seguir hablando. Ana Belén Vázquez narraba cómo estaba viendo desde su vivienda "trozos de campo ardiendo, cada uno por un sitio, a todo alrededor de la casa". Otro vecino, Emiliano, se lamentaba por las propiedades que pudiera arrebatarle el fuego: "mi casa y dos coches hemos dejado ahí y veremos a ver qué pasa".
Éstos y otros pocos afectados, ataviados con mascarillas al igual que todos los efectivos de los equipos de emergencias, seguían allí dos horas después de iniciarse el fuego, donde parecían haberse quedado inmóviles, esperando que todo fuese un mal sueño que se solucionara rápidamente. Pero el viento no quiso que así fuera.
Siete horas más tarde se abrían los accesos a algunas urbanizaciones, como Nucía Hills, donde los propios vecinos se unieron para sofocar las llamas que se acercaban a sus casas. Un residente, Carlos, explicaba que "los vecinos estamos con mangueras y cubos apagando rescoldos del barranco". mientras "las chispas nos saltan a la cara" según relataba Salva.