A. TERUEL
La provincia de Alicante ha perdido 4.000 fincas agrarias familiares en tan sólo dos años, según se desprende de la última Encuesta sobre la Estructura de las Explotaciones Agrícolas, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Estos datos, referidos a 2007, cifran en 131.185 las propiedades de este tipo existentes en toda la Comunidad, 8.490 menos que en el anterior muestreo. Los sindicatos mayoritarios del campo calculan que la mitad de esa merma corresponde al territorio alicantino, al haberse visto afectado con una mayor incidencia por los problemas estructurales del sector.
El descenso en el número de fincas marca una continuidad en el declive de la agricultura en la Comunidad, dado que ya la encuesta de 2005 reflejó la existencia de 10.000 explotaciones menos que dos años antes. Al mismo tiempo, la edad media de los propietarios agrícolas sigue aumentando. Así, si en la anterior encuesta los titulares de fincas mayores de 65 años eran un 40 por ciento, ahora son el 44 por ciento. En toda la Comunidad hay 57.435 explotaciones cuyo dueño tiene ya edad de jubilarse, y en otras casi 17.000 el titular sobrepasa también los 60 años. En contraposición a esto, si en 2005 había 4.329 propietarios menores de 35 años, dos años más tarde la cifra había bajado a 4.002.
Sin embargo, esto no tiene una correspondencia con un descenso significativo en la superficie cultivada. Según la encuesta del INE, en la Comunidad hay 564.779 hectáreas en activo -tanto en fincas familiares como en las apenas 3.100 con un carácter más empresarial-, una cifra prácticamente igual a la de 2005. Esta aparente paradoja se explica en que se está produciendo una paulatina concentración de las propiedades, tal y como reflejan los propios datos.
En este sentido, se ha pasado de 10.824 fincas de más de 10 hectáreas a 11.931, frente al descenso generalizado de las de menor extensión. Tanto el sindicato La Unió como el de Asaja corroboran que se está produciendo esta tendencia, como una de las pocas salidas que tienen los agricultores para que sus explotaciones sean rentables. Las dos organizaciones, además, coinciden en señalar que la mecanización del sector hace posible que una sola persona pueda manejar extensiones cada vez más grandes. No obstante, mientras que Asaja considera este fenómeno un alivio porque hace que muchos propietarios "puedan subsistir", desde La Unió estiman que la concentración "perjudica al pequeño propietario", al hacerlo más vulnerable frente a la competencia de los más grandes, con lo que ésta no acaba de ser la solución para los problemas del sector.