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SYLVIA ESCRIBANO Son un remedio para la soledad de muchos pacientes hospitalizados y un apoyo para sus cuidadores. Un grupo de cuarenta voluntarios conforman la asociación "Humanizar", una iniciativa impulsada por el Hospital de San Juan que arrancó a mediados de esta semana. Entre sus funciones está la de hacer compañía a las personas mayores ingresadas cuando no están sus familiares o alegrar la estancia a los más pequeños con la distribución de juguetes por las habitaciones.
Son sólo unos días ejerciendo esta labor altruista, pero meses de cursos y preparación para poder llevarla a cabo. Desde que arrancó el miércoles, cada día los voluntarios se reúnen en el pequeño cuarto que ocupan en el hospital a la espera de que reclamen sus servicios y poder repartirse el trabajo. La acogida por parte de los pacientes y profesionales ha sido muy buena, como asegura una de las voluntarias, Dori Payá, quien explica que "el primer día ya nos llamaron de Urgencias para que fuéramos a hacer compañía a una mujer mayor que se encontraba sola".
Cada voluntario dedica las horas que puede a la semana y algunos, como Dori y la coordinadora, Paquita Polo, acuden cada día de lunes a viernes. El servicio funciona de las nueve de la mañana a las tres de la tarde, a excepción de los lunes y miércoles que se prolonga hasta las ocho de la tarde. En cada turno hay una decena de personas, desde jóvenes a jubilados, dispuestas a prestar su apoyo a los enfermos.
Juana Llorens y Ovidio Civia ejercen como voluntarios. Este matrimonio explica que ya desarrolla una actividad altruista en parroquias y residencias de la tercera edad, lo que les movió a formar parte del proyecto del hospital. Todos los viernes, de 10 a 13 horas, prestan allí sus servicios. Recorren la planta de Pediatría repartiendo a los niños hospitalizados un juguete para que su estancia sea más amena.
Durante su recorrido, acceden al cuarto de Patricia, de 5 meses. Es muy pequeña para jugar, pero también pueden ser útiles. "Si necesitan salir o tomar un café y descansar un poco nosotros nos podemos quedar y hacerle compañía a la pequeña para que no esté sola", le explica Juana a los padres, para quienes tener esta posibilidad supone "una gran tranquilidad".
En otra de las plantas se encuentra Cristina Sánchez, que conversa con una mujer de 82 años mientras sus familiares hacen un pequeño descanso. "Les dejo hablar y que me cuenten sus cosas para que se sientan escuchados y, sobre todo, acompañados", argumenta.
Ejercer de acompañante de un enfermo es duro. Bien lo sabe Esther Galiana, que cuida de su marido hospitalizado. Son muchas horas a su lado y poco tiempo para poder hacer otras cosas, por eso el tener a alguien a quien recurrir para que esté al lado de su esposo si ella tiene que salir a hacer alguna gestión "es una tranquilidad y un alivio".
Ayudar a los familiares a trasladar a los enfermos en silla de ruedas a las consultas, leer libros a los hospitalizados, dirigir a los usuarios por las instalaciones del hospital o estimular a los pacientes para que coman son otras de sus funciones. "Estamos abiertos a cualquier propuesta o iniciativa", dicen desde la Comisión de Humanización del hospital.
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